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Las Historias eroticas de Katty.

littlewetkatty 01-10-2007 GTM 1 @ 22:47 Tags:

SIN QUERER QUERIENDO...
PRIMERA PARTE (Cap 1 al 4)

CAPITULO 1

Esta historia es real, sólo los nombres han sido cambiados. No busco paliativo a mis culpas, hice lo que hice y san se acabó. No dudo que me sobren regaños de alguno de Ustedes, lectores, como en otros relatos como éste, que he leído y donde los comentarios han sido duros, supongo, por lo delicado del tema, sexo con niñas. Ahi les vá:

Sucedió hace 16 años, tenía yo entonces 26 y me acababa de casar con mi novia embarazada, dos años menor que yo. La casa de mis suegros es muy grande, por lo que nos dieron oportunidad de ocupar algunas habitaciones de la planta alta: 2 recamaras, un baño y una sala con comedor y cocina. Todo esto con la finalidad de ahorrar para hacernos de una propiedad más adelante.

Mi familia política estaba compuesta de puras mujeres, sólo mi suegro y yo éramos varones en esa casa. Mi esposa es la "de en medio", tiene dos hermanas mayores y dos menores, cinco hijas en total. Las primeras dos, también casadas, ya tenían dos y una, hijas respectivamente, y vivían en la misma casa. Estas tres niñas eran: las hermanas Sara y Nora, de 12 y 11 años, y Nena de 12 también, prima de aquellas.

Mi esposa y todas sus hermanas eran y son preciosas, las mas hermosas de la colonia (mi cuñada la mayor, fue miss xxxxxx, representó al Estado en el certamen de belleza nacional) y las niñas no eran la excepción. En esa casa había de todo: rubias, morenas y trigueñas, todas delgaditas y muy agraciadas, de caras muy bonitas y de cuerpazos; no había a cual irle. Hasta las casadas se conservaban deliciosas. Las dos más jóvenes de mis cuñadas, de 20 y 15 años, divinas también. Esta ultima, Maru, hermosa en serio. Morena de cabello muy oscuro y piel muy blanca. Menudita, 1.50 m tal vez, y con una cara sumamente sensual, algo introvertida y seria, de mirada negra y evasiva. Me llamaba mucho la atención por que era muy descuidada, se sentaba con mucho desenfado enseñando demasiado sus piernas y sus mini tangas, o se acostaba a leer o ver tv sin ningún cuidado y en posiciones que provocaban muchos pensamientos insanos.

Sara era de cabello algo corto, castaño claro, de piel muy blanca, delgada y estilizada y de piernas muy largas. Su hermana Nora, rubia y más llenita, con el caballo muy lacio y largo y con una carita de ángel y una mirada sumamente curiosa, y la prima de ambas, Nena, morena color canela, quien a pesar de ser de la misma edad de Sara, estaba mucho más desarrollada, mucho. Alta de estatura para su edad, 1.40 m aprox. Sus pechos ya estaban aflorando bastante y su cintura había cedido ya al desarrollo inevitable de sus caderas, motivando miradas disimuladas de las visitas masculinas y comentarios admirados y envidiosos de las visitas femeninas que seguido tenían mis suegros y cuñadas.

Me casé por el mes de marzo del 87, por lo que la primavera empezaba. Y desde entonces junto con el verano, son las estaciones favoritas para mí. Todas las mujeres de la familia son asiduas a la ropa fresca, corta y pequeña, tienen todo para lucirla. Incluso las niñas andaban siempre muy destapadas y cómodas en tiempos de calor; pero la que más llamaba mi atención era Nena, la morenita de 12 años. Era todo un espectáculo verla en falditas y pantaloncitos cortos, con blusas muy cortitas y pegaditas. Esta ropa en poco tiempo le quedaba chica, por su crecimiento acelerado, no hacia arriba sino a los lados, al frente y hacia atrás, o sea, no crecía en estatura sino de medidas, impresionante. Además el color y la textura de su piel morenita, tersa y sana, me perdían. No desaprovechaba oportunidad para acariciarla y chulearla, me la sentaba en las piernas y le acariciaba sus brazos y espalda con intenciones disfrazadas de cariño.

Al cuarto mes de embarazo de mi esposa, ella sola, determinó que ya no tuviéramos relaciones sexuales, tenía miedo que lastimáramos al bebe. Yo se lo hacía muy fuerte a pesar de acordar hacerlo despacio. Me emocionaba cogiendo y pensando en mis sobrinitas y cuñada y le daba a mi mujer con ganas, no me podía controlar. Además, aunque no soy un superdotado, si me cargaba mis 8 pulgadas de gruesa verga, que en mi delgadita esposa hacían estragos. Por aquel entonces yo estaba muy bien de físico: 1.80 m y 77 kg, corría todos los días 4 km y era muy activo sexualmente.

Ella trabajaba en una financiera y yo en una Paraestatal. Yo tenía turnos, es decir rotaba horarios. Ella de 9 am a 7 pm., los dos sólo de lunes a viernes. Es por entonces que comienzan los sucesos que paso a relatarles.

A finales de julio y principios de agosto, ya andaba yo muy necesitado, siempre traía la verga parada, no era muy afecto a la masturbación, aunque sí acudía a ella cuando estaba ya muy urgido, o le pedía a mi esposa que me la jalara. Sí me servía un poco, pero al otro día andaba igual. Una mañana de esas que llegué de correr mis 4 kms, las niñas Sara, Nora y Nena, así como Maru mi cuñadita, estaban en casa por vacaciones escolares. Yo como siempre que iba a correr, abrí la manguera y me empapé todo, quitándome la camiseta y quedándome en shorts y tenis. Como ustedes recordarán los shorts de aquellos tiempos no eran tan largos como ahora, sino muy cortos y estrechos, de tela de algodón, de cotton, por lo que con el agua y la pequeña tanga que usaba, también de moda por aquellos tiempos, mi pene, a medio parar como andaba siempre, quedó bien dibujado.

Con la camiseta me quité el agua del pecho y el pelo, poniéndomela en el cuello, sobre los hombros y entré a la cocina, donde mi suegra hacía la comida, abrí el refrigerador y tomé una jarra de agua y me puse a platicar con la señora. Mi cuñada leía una revista sentada en la mesita de la cocina y yo me situé frente a ella, al otro lado de la mesa, recargado en el lava trastes. Mi suegra y yo conversábamos entretenidos cuando sorprendí a Maru mirando fijamente mi bulto, disimuladamente por encima de la revista que según ella, leía. Con mi suegra concentrada en la preparación de la comida, de espaldas a nosotros, hice que se me parara la verga, ni batallé, formando un buen paquete en mi short mojado, viendo como mi cuñada abría más sus hermosos ojos para enfocar bien. Así la tuve un ratito, enseñándole lo mío, viendo como su hermosa carita se irritaba por lo que miraba.

Diciendo que iba a llamar a mi esposa por teléfono, que no me tardaba nada, me fui a la sala y me saqué todo el paquete, verga y huevos, por un lado de la tanga y me acomodé el short color blanco. Con esto el bulto era escandaloso, se me notaban perfectamente los genitales sobre la delgada tela mojada del pantaloncillo casi transparente por la humedad. Regresé a la cocina "a platicar", cubriéndome con la camiseta y recargándome donde estaba. Al notar que mi suegra continuaba concentrada en lo suyo retiré la camiseta y descubrí mi bultote, mostrándole a Maru un nuevo escenario para que viera. Sorprendida, se enderezó sobre la silla y puso sus brazos sobre la mesa, olvidándose de su revista y dedicándose a ver atentamente la vergona que le enseñaba.

Mi suegra y yo seguíamos conversando tranquilamente, mientras yo miraba a mi cuñadita de reojo cómo le cambiaban las facciones al ver tan claramente mi irritado garrote bien dibujado en el short; con displicencia, como si no me diera cuenta, me la empecé a agarrar y a sobar sobre la tela, deslizándome la palma de la mano por encima. Con esto me creció más, casi rompía el corto, la verga me daba casi hasta un costado del short, provocando el nerviosismo de Maru que buscaba y buscaba una manera cómoda de sentarse en la silla, pero volviendo siempre a la misma posición, con su codos sobra la mesa, era la posición más ventajosa para devorarme la verga con los ojos. Qué emoción! No lo podía creer, mi hermosa y taciturna cuñadita de 15 años, a la que parecía que nada la emocionaba, estaba hipnotizada, casi idiotizada mirándome la verga con la boca abierta y su hermosísima cara sonrojada por la excitación. No podía desaprovechar la oportunidad y me la empecé a agarrar más descarado, ahora sí mirándonos a los ojos, concientes ya, de que esto no era casualidad; pero ya era mucho, nunca pasaba tanto tiempo con mi suegra conversando, desde que llegué a vivir allí habíamos establecido una sana distancia, no fuera a sospechar.

De tajo corté la platica, diciendo que me iba a bañar, que me sentía muy incómodo con el short mojado. De pasada, al escuchar a mi suegra que me preguntaba por mi llamada con su hija, me detuve frente a Maru, a 30 cms de su cara y contestándole a mi suegra, quien nunca volteó a verme y siguió de espaldas a nosotros, me hice a un lado el short, me saqué y me agarré toda la verga con la mano y la sarandié frente a la cara de mi cuñada, agarrándomela desde la base, viendo cómo abría más su sonrosada boca por la sorpresa. Ni yo me creía lo que hice, era el colmo de la calentura. Tampoco creía cómo se me veía, me creció como nunca, enorme y cabezona, casi alcanzaba las 9 pulgadas por las miradas de mi hermosa y curiosa cuñadita. Aventurado, vigilando que la señora no volteara, me masturbaba en la cara de Maru y le acercaba peligrosamente la vergota a su carita. Ella en ningún momento se retiraba o ponía cara de reprobación a mi atrevimiento, al contrario, si yo hubiera tenido el valor, se la hubiera podido meter en la boca, hasta la garganta.

Al creer ver a mi suegra con intenciones de voltear a mirarme me retiré y me guardé la verga otra vez. Al llegar a las escaleras que iban a "mi casa", en el segundo piso, las niñas, Sara, Nora y Nena, estaban sentadas en los escalones platicando, así que cuando pasé entre ellas, las tres callaron de sopetón y miraron atentas la terrible hinchazón que traía en el short mojado. Sara y Nena, su prima, discretamente, retiraron su mirada de mi entrepierna y se miraron entre ellas, como diciéndose algo con la mirada, no así Nora, la rubia, que no dejó de ver con interés mi visible vergota ni cuando pasé muy cerca de ella, casi estampándole el bulto en la cara. Al llegar a la planta alta, escuché risitas y murmullos, me regresé de puntitas y me paré en el tiro de la escalera, en el barandal sin que me vieran. Por más bajito que hablaran, casi en secreto, por el efecto de eco de la escalera, se escuchaban perfectamente sus comentarios.

"Le viste la cosa a mi tío!", dijo una, no se distinguían muy bien las voces, era difícil identificarlas. "La tiene bien grande!, verdad? Jijiji" , dijo otra. "Se le nota bastante, verdad?!", dijo la tercera. "Eh, Nora, tú ni le despístaste, mensa, te le quedaste viendo mucho", identifiqué la voz de su hermana mayor, Sara. "Se le ve mucho, qué querías, nunca había visto una cosota de un hombre", le respondió. "Yo sí", dijo Nena, la morenita que me traía enfermo. Agudicé el oído, no lo podía creer! Ante la presión de sus primas para que les contara, ella empezó: "Se la vi a mi papá, una vez hace como dos meses, que entré al baño sin tocar y él estaba orinando, pero se me hace que mi tío la tiene mucho más grande, viste cómo se le veía, tiene bastante!". "Hay sí, se le ve mucho, bien grande. Cómo será?", se preguntó la rubia. "Les dije que una vez escuché a mi tía gritando y no me creyeron, la ha de tener bien grandota", dijo Nena, la morena. Seguramente nos oyó a ultimas fechas que mi esposa se quejaba porque le daba muy fuerte, o nos estaría espiando?

En eso se escuchó el grito de su abuela para que se fueran a comer. Me metí a bañar y me dispuse a jaloneármela bien y vaciar todo lo que traía. Escuché que me llamaban y era Maru, mi cuñada, preguntándome de parte de su mamá que si iba a comer o me traía la comida a "mi casa". Rápido me salí de la regadera y entreabrí la puerta sacando la cabeza y diciéndole que si no era mucha molestia, me trajera el plato acá. Ella, más amable que de costumbre (que nunca lo había sido) me respondió que para nada era molestia, incluso noté un sesgo de coquetería en su voz. Ante esto, abrí toda la puerta del baño y me mostré ante ella completamente desnudo y mojado. La verga me apuntaba hacia arriba, bien parada, ella posó sus ojos en ella y abrió su boca como cuando se la enseñé en la cocina, como no creyendo lo que veía. Bajito le dije que se acercara y ella dudosa volteaba hacia la escalera, como vigilando que alguien fuera a subir. Traía un vestido de tirantes, color hueso, muy raboncito y fresco. Se notaba que no traía brassiere, en esa casa era raro ver uno, no los necesitaban.

Yo no quería salir del baño, no quería mojar el piso de afuera, estaba escurriendo y ella no se quería acercar, así que tomé una toalla y me empecé a secar rápido, queriendo quitarme el exceso de agua, cuando volteé a verla para salirme del baño, ya se había salido e iba bajando las escaleras y me hacía la señal de "espérame tantito", con su dedo índice y pulgar. Me terminé de bañar, ni siquiera me había enjabonado cuando ella llegó. Me sequé, me envolví en la toalla y me fui a la cocina, a donde Maru me traería de comer y yo la quería atragantar. Cuando escuché sus pasos subiendo la escalera, casi me revienta la verga, ya me dolían mucho los huevos y resollaba de la emoción. Ella llegó con una bandeja y la depositó en la mesa, tomó el primer plato y me lo puso donde yo estaba sentado, acercándose mucho a mi. Yo, sin perder tiempo, metí mi mano por debajo de su vestidito y acaricié sus jóvenes y tersas piernas hasta muy arriba, donde empezaba su calzoncito, sintiendo cómo temblaba en mi mano. Recorrí una y otra vez sus muslos y apreté sus nalguitas con pasión, encantado de su redondez y perfección.

La verga me hacía una carpa de circo en la toalla que ella miraba atentamente. Ante esto, me retiré la toalla y quedé expuesto ante ella, otra vez sus ojos y su boca se abrieron expectantes ante semejante visión, el fierro me daba por el ombligo, muy hinchado y cabezón. Forcé la silla y la puse de frente a Maru diciéndole que se levantara el vestido, que le quería ver los calzones. Ella con algo de esfuerzo, porque le quedaba apretado, lo subió por sus muslos y me enseñó su bikini blanco, pequeño. Sus blancos muslos me deslumbraron, hermosos y torneados. Los acaricié de arriba abajo y vuelta otra vez, sin dejar de jalarme la verga. Al notar cómo me miraba jalándome, me levanté y la besé, sintiendo su tierna y pequeña lengua y metiendo la mía recorriéndole la boca por dentro. Le agarré una mano y la puse sobre mi vergota, sintiendo como se derretía en mis brazos al sentir semejante garrote en su manita.

Te gusta?, le pregunté. -Mucho, la tienes bien rica, bien grandota, me respondió mirando hacia abajo y tocándome torpemente con sus delgados dedos la cabezota inflamada.

Nerviosa me dijo que ya se había tardado mucho, que iba para abajo, a la cocina. Le dije que se esperara y me respondió que iba a traerme el refresco, que horita regresaba. La volví a besar y la hice que me la agarrara con las dos manos, ni así completaba, le salía toda la cabezota por encima, otra vez me dijo que la tenía muy grande y le dije que se la iba a meter toda por la boca, se sonrió y se fue. Ahí me quedé parado y encuerado, me fui a la recamara y me quedé allí esperando a que regresara, desde ahí se veía mejor la escalera.

A los 5 minutos volvió con el refresco y hielos y los puso sobre la mesa, buscándome. Le hablé y fue conmigo, le dije que desde allí se vigilaba mejor la escalera y vino a comprobarlo, acercándose otra vez a mí y a mi duro y ya muy morado garrote. Ella se asomaba por la ventana y yo le ponía el vestidito sobre las caderas, untándole la verga en las nalguitas, bien paraditas y redondas. Tuve que ponerme casi en cuclillas, estaba muy pequeñita. Sin perder el tiempo, la senté en la cama y le acerqué la vergota a la boca. Ella simplemente se dejaba llevar, a mi primera orden, abrió la boquita y se la fui metiendo despacito, viendo como se hacía bizca cuando se la iba invadiendo. No me la creía, esa hermosa y virginal boquita de modelo era mía, toda mía.

Hay Maruquita, qué rica boquita tenía!! Tiernita, húmeda, grandecita y profunda. Con sus manos en sus rodillas, sentadita en la cama, me dejaba hacerle y se dejaba hacer. Despacio, tomándola de la cabeza, le iba metiendo y sacando la verga, pidiéndole que alejara los dientes de la cabeza de mi palo y que usara sólo los labios, enseñándole a chupar vergas, con la boca bien abierta. Cuando se la iba metiendo, su boca avanzaba sobre el tronco como escalándolo, como una serpiente se va comiendo su presa, engulléndola poco a poco, consumiéndola. Con media verga adentro de la boca, yo la forzaba un poco y la agarraba firmemente de la nuca y se la metía otro par de centímetros, ella empezaba a desesperarse y retiraba sus manos de su rodillas agitándolas en el aire, como imitando a un pajarito, indicándome que no podía más, que se asfixiaba. Se la empezaba a sacar de reversa, muy despacio y diciéndole que chupara fuerte, sentía que me chupaba todo, no sólo la verga, sino todo el cuerpo, viendo cómo mi pitote iba abandonado poco a poco su linda boquita, bien cubierto por su saliva y hasta con cierta espuma que se me quedaba encima del lomo. Me encantó, se lo hice varias veces, me gustaba ver cómo se ahogaba una criatura tan hermosa con ese garrotote bien ensartado en la boca. Sentía como mis huevos se hinchaban, produciendo esperma en cantidad, le dije que con sus largas uñas me rascara suavemente la bolsa de mis huevotes, me cosquilleaba la punta de la verga con la lengua, suelta, sola, con mis manos en su cabeza y sus uñas en mis testículos; ya me ardían las plantas de los pies. Ahí venía la tormenta de leche, por fin... por fin iba a descansar. La unilateral decisión de mi esposa me tenía muy cargado y todo se lo iba a dar a su hermanita menor.

Se la alejé de la boquita y me la empecé a jalar en su cara, diciéndole que se bajara el vestido y me enseñara sus tetitas. Ella, limpiándose la saliva de la barbilla y volteando a la escalera, me dijo que ya era mucho, que se tenía que regresar a la cocina, que su comida estaba servida y que ya no tardaban en ir a buscarla, eso sí, sin quitar los ojos de mi impresionante erección, viendo cómo me la cascaba muy lentamente, casi pegado a su nariz. Le dije que ya iba a acabar, que se sacara los pechos y me dejara velos, por favor. No muy convencida, se bajó los tirantes y se puso el vestido debajo de los senos, enderezándose para que le salieran más y volteando su hermosa cara hacia arriba, buscando mi reacción. Le di lo que quería, la mueca de satisfacción que se me dibujó en la cara, la debe haber dejado satisfecha. La visión de esos senos divinos me acabó de extasiar, eran perfectos, asimétricos, redondos y bellos, le salían por los costados de su torso tan estrecho, tan delgado. Blancos como la leche, inmaculados. Coronados por una aureola color de rosa tenue, mediana, con unos pezones paraditos. Bajé mi mano izquierda y acurruqué en ella uno de esos ensueños, frotándolo suavemente y apretándolo, sintiendo su firmeza increíble, parecía estar relleno de algo, pues al apretarlo sentía cómo mis dedos eran "aventados" hacia afuera por la presión interna del joven pecho. Sentí mi descarga llegar, incontrolable, me volteé de lado y empecé a expulsar con fuerza varios borbotones (a ultima hora la prudencia ganó, la iba a dejar bañada de mocos, no era el caso), los primeros dos llegaron hasta la cabecera de la cama, el resto calló al piso, todos, seguidos por los grandes ojos negros de mi cuñadita. - Te sale mucho, y bien fuerte!!, dijo sinceramente impresionada. -Sí, chiquita, ya andaba muy apurado, mira cómete esa gotita, le dije al ver cómo, al exprimírmela, me asomaba un goterón sobre la cabezota de la verga, acercándosela a la boca. Ella sin asco, sin prejuicios, la recogió con la lengua y todavía me dio un par de chupetones en el glande. Se la puse de lado y la recorrió toda con la lengüita, de un lado y otro, sustituyendo los restos de leche y sudor por su bendita saliva.

Al verla así, con su divina carita en mi abdomen limpiándome la verga con la boca y con el vestido a modo de faja, enrollado en su cintura, le retiré el pene y me hinqué ante ella, queriendo pasar a lo que sigue. La quise besar mientras mis manos volaban sobre sus muslos, pero ella ya no se dejó, se me escurrió por un lado y se acomodó el vestidito, se metió a la cocina y vació la comida de un plato en otro y el refresco a un vaso y se bajó con el plato, la charola y el envase, si voltear siquiera a verme, como si le urgiera alejarse de allí, apurada, asustada y apenada. En lo que ella recogía en la cocina, yo me puse el short que traía antes y me fui tras ella, siguiéndola sin que lo notara a cierta distancia. Antes de llegar a la cocina, en un baño se enjuagó la boca y se arregló el vestido, salió y siguió su camino. Yo quería saber si la mamá, mi suegra, le llamaba la atención por tardarse tanto conmigo a solas. Al llegar a la cocina me quedé tras un muro y escuché cómo la señora le preguntaba qué tanto hacía y Maru le respondió que conversábamos. Se me subieron aquellos a la garganta, supuse que ahí venía la bronca y las preguntas, pero lo que escuché me dejó gratamente sorprendido: --Vaya!, hasta que hiciste caso, ese muchacho es de la familia, es como tu hermano, debes ser más atenta con él, qué bueno que ya estás entendiéndolo. -Sí, mamá, le respondió secamente Maru. -De qué platicaron?, si se puede saber. -De varias cosas... de automóviles!, ya ves que quiero que papá me compre uno. -Qué bien, hija, te felicito por eso, no está bien que seas tan reseca, con él y con toda la gente, le respondió mi suegra contenta por nuestro "acercamiento".

Me retiré con cuidado de que no me notaran y me fui a vestir para irme a trabajar. Cuando me iba tomé unas revistas y unos folletos automotrices que tenía (mi esposa y yo también estábamos comprando un auto) y me bajé a despedirme. Maru estaba ayudando a su mamá a recoger la mesa y le dije que ahí le dejaba los folletos de los coches, que los revisara y me dijera cuál le gustaba, para traerle más información. Con cara de wath??!! Los miró y le dije, pelándole los ojos, que eran los que me pidió, cuando me había dicho que quería pedirle un auto a su papá. -Aaaahhh, sí, ya me acordé!!, respondió admirada. -Te digo que ésta anda en la luna, intervino su mamá divertida. Los tres nos reímos y yo me despedí.

Al otro día al después de dejar a mi mujer en el trabajo me regresé a casa. Eran las 9 am de un martes, día de super. Cuando entré en la casa, mi suegra iba saliendo con su hija Maru y sus nietas Sara y Nena. Me dijo que Nora, la rubia de 11 años, aún estaba dormida, que me la encargaba por si despertaba, que era muy miedosa, que por favor le diera de desayunar y que ellas regresaban como a las 12 am, después de hacer la compra semanal. Claro!, le dije, no se apure yo la cuido. Se fueron y yo fui a darle una vuelta a mi "encargo" a su cuarto. Estaba bien dormidita, súpita. Destapada por el calor, boca arriba sólo con su calzoncito y una camiseta de tirantes, con las piernas entre abiertas, preciosa la niña. Bien piernudita y caderoncita, hasta el panty le quedaba muy apretado, era de los viejitos, supongo sólo para dormir, se le veía muy pequeño. La estuve contemplando un rato, luego me acerqué y puse mi nariz en su cosita abultadita para olerle allí, mmmm!, qué rico aroma, me llegó hasta el alma, y hasta la mera verga. Saqué la lengua y le lamí la parte interna de los muslos, al sentir mi lengua, sin despertar los abrió más y pude lamerle las ingles, sobre el pliegue del calzón, bien cerca de su papita.

Ya me iba cuando quise verla desde otro ángulo, al notar que estaba sobre la sábana hecha bola abajo de ella, la empecé a despertar, moviéndola y llamándola por su nombre: -Nora, Norita, hijita, despiértate. Soy tu tío, déjame taparte bien. Ella entreabrió los ojos y al verme preguntó por su abuela. –Se fue al mandado con tu hermana y tu prima, no se tardan, a ver, levántate tantito para sacar la sábana y taparte bien. En cuanto se enderezó, con una mano le saqué la sábana y con la otra la hice acostarse boca abajo, la agarré de una corva, o sea de la parte trasera de una rodilla y le separé ese muslo, formando un 4 con sus piernas, disimuladamente, sin forzarla. Puso su mejilla sobre la almohada y cerró sus ojos, haciendo por dormirse de nuevo. Yo me enderecé y extendí la sábana que le había quitado, mirando lo rica que se veía así, comiéndome con los ojos sus llenitas piernas y sus inflamadas nalguitas. Le pregunté si la tapaba o tenía calor y me dijo que así estaba bien, que no tenía frío. Puse la sabana a un lado y me incliné sobre ella a besarle la mejilla y el cuello, diciéndole que me iba a bañar para darle de desayunar.

-No, tío, no te vayas, no me gusta quedarme sola, tengo miedo, me dijo con vocecita chiflada. Le dije que no tenía nada qué temer mientras yo estuviera en la casa con ella, que nadie le iba a hacer daño, que yo la defendería de quien fuera, sin dejar de besarle el cuello y agarrarle las nalguitas disimuladamente. Pude notar la piel de sus brazos y de sus muslos como se hacía de gallina, erizada por mis besitos en su cuello y oreja, mientras le hablaba muy bajito. –Hay tío, siento rico... No te vayas, cuídame, duérmeme otra vez, ándale. –Sí mi hijita, duérmete, si tienes miedo te vas para arriba conmigo, sí?, allá voy a estar, duérmete reina, ssshhh, ssshhhh.

Sin dejar de besarla en cuello y oreja, le empecé a recorrer con mi mano la rajadita del culito, con cariño, ella solita sacaba más sus nalguitas, sintiendo mi caricia en sus redonditas posaderas. Cuando caí a la cuenta, ya le recorría los muslos de arriba abajo, sin reservas, y mi dedo medio, hacía una disimulada presión en su vaginita, motivando que ella sola se semi empinara en la cama en busca de mi mano. Mejor me fui, ya me estaba descontrolando, mucho. –Tío, no te vayas, quédate, me dijo cuando sintió que le quitaba las manos de encima. –No, ya me voy a bañar para darte el desayuno, le dije y me subí al baño de arriba, al de mi recamara. Cuando salí de bañarme, envuelto en la toalla, me paré ante el peinador para ponerme crema en el cuerpo, desodorante, etc., por el espejo pude ver a Nora asomándose por la ventana que daba a la escalera, esa ventana estaba a ras del piso, no estaba apoyada en pared alguna y la niña escondida, según ella, dos escalones abajo. Me quité la toalla y quedé en cueros, me empecé a poner crema en los brazos y en el pecho, la verga se me empezó a levantar y le apliqué una buena cantidad de cremita, esparciéndola por lo largo y ancho de ella y en los huevotes sacándolos bien, con calma, poniéndome de lado y de frente a la ventana, para que la niña viera bien mis cosotas, como ella les decía.

Cuando terminé, me puse un calzón tipo bikini, de esos que se usaban entonces, como de nylon color crema, muy pequeño y me acomodé el tubo de la verga por un costado. En eso escuché un –Tíooo, tíooo... tíooo, tíooo, tengo miedo. Era Norita que me llamaba desde la escalera, haciendo voz como si llorara de miedo. Apurado, actuando por supuesto, salí de la recamara como andaba, en puro calzón y le dije que qué pasaba, que quién la había asustado. Ella, sentada en el segundo escalón, de arriba hacia debajo de la escalera, me dijo que escuchó ruidos y se asustó mucho, mentirosa, ya tenía más de 10 minutos espiándome. Le pregunté que si quería que fuera a revisar y me dijo que no, que ya había cerrado bien la puerta y que sólo se quería quedar conmigo mientras regresaban su abuela y las niñas.

Le extendí la mano y le dije que viniera conmigo, se levantó del escalón y subió el que le faltaba, llegando a mí. Venía como estaba acostada, en calzón y camisetita, y descalza. La tomé de la cabeza y me la puse en el pacho, calmándola, siguiéndole la corriente. Ella me abrazó por la cintura y me repegó su estómago en toda la verga, sintiendo como se la hincaba completita, pero sin decir nada. De todas las niñas, ella nunca dijo nada, se dejó hacer y me hizo, pero nunca dijo nada, como si no estuviéramos haciendo lo que hacíamos, nunca preguntó, nunca se admiró, sólo se dejaba hacer, como si estuviéramos jugando o haciéndonos cariñitos.

Le pregunté si tenía hambre y me dijo que sí. La agarré de la mano y la llevé la cocina, sentándola en una silla en la mesa. Le dije que me iba a poner un short, o que si no le molestaba pues así me quedaba, rápido respondió que no, que ella también andaba así. Le respondí que a lo mejor su mamá se enojaba y ella me dijo que al cabo que no estaba y que no lo iba a saber, entablando ya una complicidad necesaria en estos casos. La verga casi se me salía por un lado del calzón, la traía bien parada, pero Nora se hacía la desentendida, como si se acordara de lo que le dijo su hermana un día anterior, cuando pasé entre ellas en la escalera, me la veía, claro, pero con disimulo. Abrí el refrigerador y saqué yogurt y leche, al seguir buscando que darle, me vino una idea perversa y saqué mermelada, chocolate líquido y helado. Le pregunté que quería desayunar y lógico, me dijo que helado, le dije que cómo iba a desayunar eso y me insistió chiflada que eso quería.

Le propuse un concurso, si adivinaba qué le estaba dando a probar, le daría lo que ella quería. -Cómo?, preguntó. -Te tapo los ojos, te doy probaditas de todo esto y me dices qué es, cómo ves?, la reté. –Bueno, va, me respondió dispuesta a divertirse.

Le tapé los ojos con una servilleta de papel de rollo, con la idea de que no le iba a durar mucho y se le caería, eso es lo que yo quería. Con un dedo le di a probar mermelada de fresa y lo adivinó, al reírse se le movió un poco la servilleta, pero no le dije nada, haciéndome tonto. Luego le di yogurt de mango y adivinó también. Se le movió otro poco la servilleta, casi dejándole un ojo descubierto. –Ahora si vas a batallar para adivinar, le dije, se me hace que ahora si te vas a tardar en decirme lo que es. Dicho esto y seguro de que estaba viéndome, me quité el calzón y me puse chocolate en la cabezota de la verga, esparciéndolo con mis dedos. Se la acerqué y le dije que probara, que de seguro le iba a gustar mucho pero que no lo iba a adivinar fácilmente. Me empezó a chupar la cabeza del pene con suavidad, comiéndose el chocolate que ahí traía embarrado, calladita chupando y chupando rico, con suavidad.

Se la retiré y le pregunté lo que era. –No sé, respondió la mentirosa, acomodándose ella sola la servilleta sobre los ojos, dándome facilidades. –Otra vez?, le pregunté. –Sí, tío, dame otra vez una probadita. Me volví a poner chocolate, ahora menos, sólo unas gotas y le acerqué el fierro a la boca, se la metí más profundo, toda la cabeza y ella me la chupaba muy bien, saboreándola. Se acabó el poco chocolate que me puse y siguió mamándomela un par de minutos, sin mencionar nada del dulce ya terminado. Se la saqué y le dije que si ya. –No, no sé a que sabe todavía, tío. –Te doy más?, le pregunté ya ardiendo. –Sí, a ver si ahora sí adivino. Ya no me puse nada en la verga, así se la metí en la boca y la niña la recibió chupándomela a sabiendas de que ya no tenía chocolate, sólo verga. Le retiré la servilleta de los ojos y la agarré de las mejillas, enseñándole lo que era, moviéndole la verga ante su boca con una mano y pasándosela por la nariz y la frente. Retirándome otra vez para que la viera bien, esperando un comentario acerca del tamaño, del grosor, pero nada, no dijo nada. Se la puse en los labios otra vez y ella los abrió y se la metió a la boca, le tomé las dos manos y se las puse alrededor de mi vergota, para que la sostuviera ella misma, para verla entrando y saliendo de su boquita, bueno es un decir porque sólo le entraba la cabeza. Así la tuve unos 10 minutos, sus ojos azules estaban muy irritados, se la metía muy adentro, ya no era sólo la cabezota sino parte del tronco, ya su boquita se había hormado y su saliva lubricaba bien el mete saca que le hacía.

Su blanca carita estaba muy roja por el esfuerzo que hacía para recibir ese ½ kilo de carne, yo estaba poseído viendo cómo la ponía, al borde del ahogo con mi garrote. Por la nuca le hacía un chongo con su cabello de oro y con mi mano maniobraba el vaivén de su cabecita sobre mi verga, inmisericorde, sintiendo sus manitas que apenas podían sostener semejante animal. Qué bruto soy, era una niña de 11 años, de apenas 1.20m y 40 kgs!!

Cuando me vino esto a la cabeza, la solté y le saqué la verga de la boca. Me senté en una silla a su lado y le limpié la boca y la barbilla, cubiertas de saliva y espuma. Se me remordió la conciencia de estarle haciendo eso a esta bebita y me medio acosté en la silla con mis nalgas en el borde y con las piernas abiertas, con las manos en la cara, arrepentido.

A los dos-tres minutos de estar así, sentí cómo me agarraba la verga y me la volvía a chupar, abrí mi ojos y volteé para abajo y ahí estaba Nora, la rubia de 11 años, de rodillas entre mis piernas chupándome sin mucho conocimiento la verga a medio parar, ya que había perdido erección con mi ataque de remordimientos. La polla me creció en su boca, ella me miraba con sus ojazos azules sin dejar de chupeteármela y sostenerla con sus dos manos, como le había enseñado minutos antes; me puso muy caliente verla así, entregada, sumisa, dócil.

La puse de pie y le saque la camiseta y los calzoncitos, la volteé de espaldas y le puse mi terrible garrote entre las nalguitas, ella sola se echaba para atrás sintiendo mi verga entre sus piernas rozándole la colita y la vaginita, excitada como yo, era increíble. La levanté en vilo y la puse sobre la mesa, empinadita con sus codos apoyados en ella, le mordizquié las pompis y le lamí el culito y la vaginita desde atrás, sin dejar de masturbarme. Después de un rato la volví a bajar al suelo y la senté en la silla para que me la mamara otra vez.

-Tienes hambre, Norita?, le pregunté. Ella solo frunció el seño, sin dejar de recibir mi verga hasta la garganta, como preguntando qué tenía que ver eso. –Me va a salir lechita para ti, mi cielo, te la tomas toda, he?, le dije sintiendo mi venida a chorros, todavía estaba ella asintiendo con la cabeza, no muy convencida del porqué, cuando me llegó el primer chorro, no lo aguantó, se separó y se llevó las manos a la boca, para ver que era, sorprendida. Yo la tomé del cabello y le levanté la cara, echándole el resto de mis venida en toda la cara y diciéndole que abriera la boca grande. Otros 3 chorritos, ya colgantes sin presión, le cayeron dentro y le dije que se lo comiera, así lo hizo, después le pasé la verga por las mejillas y la frente, recogiéndolo todo y depositándolo en su boquita, usando mi garrote como cuchara, como espátula.

Eran casi las 10:30 am, todavía faltaba poco más de una hora para que regresaran del super mercado. La limpié en el baño y nos recostamos en la cama, desnudos y abrazados. No platicábamos de lo que le hice, para nada. Conversábamos de cine, de televisión, de su escuela, etc., me tenía impresionado esta nena. Al tenerla tan cerca, los dos de lado, uno frente al otro, yo no dejaba de acariciarle sus esponjosas nalguitas y de meter mis dedos entre ellas, sintiendo su suavidad y calorcito, pasándole la verga parada por las piernas; pero ella ni la volteaba a ver, yo quería que dijera algo, que la tenía muy rica, que le gustaba mucho, no sé, algo! Incluso me senté en la cama, recargado en la cabecera y me la empecé a sobar y a jeringuear, con la cabeza de la niña en mi muslo, se me paró bárbaro, casi me la reviento, se me puso hasta morada de lo parada que me la dejé, y nada... nunca dijo nada. Se la pasé por la carita, por los ojos y la barbilla, le gustaba mucho, se le veía, pero nunca dijo nada. Me acosté otra vez de frente a ella y saqué mi lengua y se la pasé por los labios.

Ella extrañada sólo se dejó hacer, luego le dije que me hiciera lo mismo. Después le dije que me chupara la lengua y así lo hizo. Poco a poco le enseñé a besar y al rato ya estábamos en una declarada danza de lenguas dentro de nuestras respectivas bocas. Me separé de sus besos y me fui a su entrepierna, a dejársela bien ensalivada para frotarle mi cabezota en ella. Así se lo hice por largos minutos hasta que me vine otra vez en su rendijita, dejándosela bien escurrida de lo mío. Durante el proceso de cabeceo, muy difícil se me hizo no dejársela ir por ahí, pero la pobre criatura nunca hubiera aguantado tal invasión, era terrible la diferencia de tamaños de su mini papita y mi terrible cañón de más de 8 pulgadas, no había caso, la hubiera destripado.

Otra vez la limpié bien y le dije que debía ser muy discreta, que ni a su hermana y prima les debería contar de eso, que tuviera mucho cuidado y nos fuimos abajo a vestirla y darle, ahora sí, de desayunar. Al rato llegaron las compradoras y nos encontraron sentados en la cocina, yo leyendo el periódico y Nora, viendo la tele, bien peinada, aseada y "bien desayunada".

CAPITULO 2

Los siguientes días fueron de alternancia; entre la pequeña Nora y la bella Maru me dejaban, a veces, literalmente seco. Sin desaprovechar las oportunidades que se presentaban, a veces me vaciaba en sus boquitas dos veces en un día, en cada una por separado.

Las oportunidades eran pocas, había a veces demasiada gente en casa, y no siempre era posible estar con una de ellas a solas, por lo que no podía darme el lujo de dejarlas pasar. Los 5 ó 6 minutos con que contaba, con alguna de esas pequeñas calenturientas los exprimía al máximo. Con la excusa de mandar a alguna de ellas a la tienda a comprarme refrescos, cigarros o lo que fuese, cuando subían a dejármelos las esperaba con la verga bien parada y ya medio masturbada para que con un par de mamadas, vaciarles chorros de espesa leche en sus boquitas cada vez más golosas. Ya ni gestos le hacían a mis mocos. Incluso la más pequeña ya conocía el ritmo de mi venida y sin separarse de mi cosota, como ella le decía, se los pasaba por la garganta, rumbo a su estomaguito. Era de no creerse, tan chiquilla! A veces, por la mañana, cuando mi esposa tenía que llegar temprano a su trabajo por Balance mensual, regresaba de dejarla como a las 6:30 am y me volvía acostar, cuando andaba de tarde o de noche en mi trabajo. A las 8:00 am, me despertaba porque sentía algo raro en mi calzón, me lo estaban quitando!

Era Norita, la rubia de 11 años, que se le escapaba a su mamá y abuela y se subía a "despertarme" a mamadas. Ya mejor me los quitaba y me re-acostaba sin calzones para que no batallara si venía y se escurría entre mis sábanas con su boquita hambrienta buscando lo que tanto le gustaba: 8 pulgadas de vergona de macho de 26 años. No sé si esto lo entenderán mis detractores, pero no hay nada mejor en el mundo que empezar el día despertándote con una buena mamada de una boca tan pequeña y perfecta, sintiendo la frescura de unas manitas que apenas alcanzan a rodearte la verga y al descubrirte de las sábanas encontrar un angelito de cabellos de oro, lacios y brillantes, mirándote con sus ojos azules mientras hace esfuerzos valientes por meterse lo más que quepa de tu, por la temprana hora, super hinchada vergotota. Supongo que a esa edad, hasta ellos, los negados, amanecen empalmados, no? Bueno, qué mejor que tener un despertador como el que yo tenía. Ese angelito no se separaba de mi serruchón hasta que le daba su ración de leche para su cereal, o los martes de super, cuando no la dejaba que me reventara para aguantarle jugando la mañana completa, tiempo que su abuela se tardaba en el mandado.

Esas mañanas eran de verdad infames, no había agujerito que no le lamiera. Sus hermosas y llenitas piernas y nalguitas eran víctimas de mis dientes y de mi lengua. Su boca, a eso de las 11:00 am, resollaba de mi leche. Ya para esas horas se la había besado hasta el cansancio, metiéndole toda la lengua hasta la campanilla y se la había llenado varias veces con mi suero espeso. A veces, cuando regresaba mi suegra de sus compras, la niña ya estaba acostada otra vez, fatigada de tanto abuso al que la sometía su querido tío político. Eso sí, ya bien bañada y con la boca lavada varias veces con su cepillito dental. –Se durmió la niña otra vez?, preguntaba la señora. –Sí, se acaba de dormir suegra, dijo que anoche no pudo dormir, que oía ruidos y tenía miedo, le di de desayunar y le dije que se metiera a bañar, luego la vi cabeceando en la silla y le dije que se recostara hasta que usted regresara, que yo la iba a cuidar, le decía yo amablemente preocupado. –Esta niña!, es muy miedosa, no dudo que haya estado con el ojo pelón toda la noche, pobrecita.

Cuando mi suegra salía a algún trámite o encargo, yo buscaba la forma de separar a Maru o a Nora aparte con alguna excusa, para que las otras niñas no notaran sus ausencias. Con mi cuñada los avances eran notables, nuestros besos eran autenticas batallas de lenguas y salivas, su destreza al besar me ponía muy caliente. En mi cama nos dedicábamos a disfrutarnos mutuamente, como una pareja de amantes, con largos y húmedos besos y caricias de las más excitantes. Enseñándole a disfrutar de los hombres.

Ya no sólo yo gozaba de mis abundantes venidas, sino que ella también tenía múltiples orgasmos ayudada con mi lengua, cuando le quitaba el calzoncito y me clavaba de cara en sus ingles, a disfrutar de la dulzura de sus partes sonrosadas. Hasta se puede decir que hubo un cambio en la rutina de nuestros "juegos", ya que si al principio el mamarme la verga era el número estelar, ahora el chuparle la vagina se había vuelto el eje de nuestra relación.

La muy perrita incluso andaba por la casa sin calzón, sólo con un vestido holgado, o blusa y falda, pero esta ultima siempre holgadita, suelta. Eso facilitaba que en donde estuviéramos, en donde nos encontráramos, ya sea en la sala, el comedor, la escalera, un baño, la lavandería, etc., ella, después de un par de minutos de besos lenguetosos, me pudiera poner de rodillas y levantándose la falda, me hiciera comerle el coñito aunque fuera un ratito. El colmo sucedió como al mes de la primera vez, incluso en esa ocasión se desvirgó, así es, ella sola se desvirgó, me explico: Precisamente, en la lavandería, mientras su madre estaba en la cocina, a 5 metros de nosotros, salí con Maru "a buscar una herramienta", debajo del lavadero, en unas cubetas de plástico con fierros. Mientras mi cuñadita vigilaba a mi suegra por la ventana que estaba justo sobre el lavadero, se levantó la falda hasta la cintura y se abrió los pétalos de su conchita brillosa y muy húmeda, como andaba siempre últimamente. Ante ese delicioso espectáculo no me quedó más remedio que irme de boca entre sus hermosas piernas y limpiar con mi lengua esa humedad excesiva que se le formaba involuntariamente desde que supo lo que era tener un hombre haciéndole los honores con la lengua a su vaginita.

Incluso su mamá no dejaba de comentarnos algo, no dejaba de platicar con nosotros mientras yo atendía oralmente a su hijita de 15 años. De vez en cuando yo sacaba mi lengua de las profundidades de Maru para responderle y agarrar algo de aire, pues la zorrita me agarraba de las orejas y me sumergía entre sus piernas casi ahogándome con su coñito. De repente me separó bruscamente de ella, se bajó la falda y me dio la espalda como si lavara ropa, yo me retiré de ella y disimulado me puse a buscar en la cubeta. Falsa alarma!, sólo pareció como si su mamá fuera a salir con nosotros. Así de espaldas a mí, le levanté la falda y la recargué en el lavadero y me puse a besarle y lamerle las nalgas y las piernas por atrás, de ese modo ella podría vigilar mejor a la señora. Sin dejar de hacer ruido con los fierros para que mi suegra pensara que todavía buscaba algo, hice que Maru subiera su pierna derecha en el lavadero, ofreciéndome un panorama completo de su vagina y culito, perfectos y juveniles.

Dudo mucho que esta pequeña hubiera estado alguna vez expuesta de semejante manera ante un hombre, estaba completamente a mi merced. Mis nervios estaban al límite, por lo que veía y por lo cerca que tenía a mi suegra. Ya estaba pensando en levantarme e irme de ahí, cuando la adolescente, como si hubiera leído mi mente, deslizó una de sus manos por entre su abdomen y el lavadero y con sus dedos se abrió la vagina y se empezó a mover como si fornicara, deslizando su grupa de adelante hacia atrás, sabiendo que yo la miraba extasiado hincado entre sus blancas y sedosas piernas. Sin hacerme mucho del rogar me puse a recorrer con la lengua toda la extensión de sus rajaditas, que al tenerla en esa posición se convertía en una sola, alternando mis lengüetazos entre su vagina y su culito, llenándoselos de saliva, sintiendo como ella movía furiosamente sus caderas sobre mi boca sin dejar de "lavar la ropa" fregándola sobre el lavadero de concreto al mismo ritmo en que me fregaba sus intimidades en la cara.

Estábamos muy descontrolados, yo lamía, chupaba y mordía con furia y ella se movía enloquecida sobre mí, sobre mi rostro. Metí mi dedo medio en su vagina y lo movía con fuerza, luego el índice, sin dejar de seguir lamiendo y chupando su coñito, escuchando a su madre hablar y hablar mientras hacía de comer en la cocina, a una pared de nosotros. Maru no medía sus movimientos, se azotaba contra mis dedos con violencia, de repente sentí como mis dedos vencían la resistencia interna de su vagina y se iban hasta los nudillos, ella se detuvo de sopetón y se quejó sordamente, mordiendo una de las prendas mojadas que tenía lavando. En eso se escuchó la voz de una de las niñas que le decía a su abuelita que la buscaba un señor en la puerta de la casa y se fue a atenderlo. Mi cuñadita empezó de nuevo, el movimiento de sus caderas poco a poco y yo volví a la carga lengueteándo todo lo que podía, empezando otra vez mis atenciones orales en esa vaginita tan ardiente.

Con mis ojos cerrados, confiado en que mi suegra andaba atendiendo a la visita, me dediqué a saborear con deleite la carnita tierna y blanca que me ofrecían. En eso estaba cuando sentí en mi boca un cambio de sabores, al abrir mis ojos vi que ese sabor diferente era el de la sangre de Maru que salía de su coñito. La contuve de las nalgas para que ya no se moviera tanto y poder verle la papita y pude comprobar que estaba muy abierta y manchada de sangre, saliva y moquillo vaginal, todo revuelto haciendo un morboso coktel.

Ella sola se había desvirgado con mis dedos al azotarse tan duro contra y sobre ellos. –No te duele?, le pregunté. –No, ya no, ahorita sí me dolió mucho, pero ya no, por que?, me respondió de espaldas a mí como estaba y aun jadeando de lo caliente que andaba la jovencita. Sin mencionarle lo que le pasó sólo le dije poniéndome de pie y bajándome los shorts a las rodillas: --Porque te la voy a meter toda, mamita. Ella me preguntó si allí mismo y yo ni le respondí, la agarré de la cinturita tan estrecha que tenía y le acomodé la cabezona de mi verga en la puerta vaginal, recostándola sobre la ropa que lavaba, untándole el glande de abajo para arriba, sintiendo como temblaba nerviosa por lo que le iba a hacer, pero sin decir ni hacer nada, sumisa, entregada.

De un empujón se le fue la cabeza y media verga. De su garganta salió algo así como el quejido de un sapo y yo tomé otro trapo mojado del lavadero y se lo puse en la boca para ahogar sus quejidos tan extraños, a que mordiera garra porque yo no pensaba retroceder. Otro empujón y le metí casi todo el fierro dejándoselo allí unos segundos. Ella solita se empezó a menear sobre la vergota que me decía que tenía: -Hay papacito, que vergota tienes, la siento bien grandota y gorda, me dijo cuando se quitó la prenda mojada que tenía en la boca. –Te duele?, le pregunté. –Un poquito, pero la siento rica, me dijo volteando a verme sobre su hombro con su carita desfigurada por la presión que mi tan inflamada masculinidad ejercía en su estrecha mini-vagina. La agarré de las caderas y empecé el vaivén con suavidad, con calma. Se me hacía muy pequeña, muy delgadita en comparación con su hermana, mi esposa, 10 años mayor que esta criatura y con un trasero más ancho y redondo, en donde mi verga se veía más acorde, más proporcionada. Aquí no había proporción, la invasión de mi garrote en el cuerpo de esta adolescente era casi grotesca, pero increíblemente, su vagina se abría y se hormaba con naturalidad al ancho y venoso vergón que le habían mandado guardar. Tal parecía que las mujeres de esta familia no sólo eran bellísimas, sino que estaban hechas fisiológicamente para el sexo, para su gozo y el de sus hombres.

Ya tenía probadas a la de en medio de las hijas, mi esposa, buena en verdad en la cama (bueno... siempre y cuando no estuviera embarazada como ahora), a la más pequeña de las hermanas, esta que tenía atravesada con mi camotazo, con el que cualquier adolescente de 15 años, no importa peso y estatura, ahorita estaría berreando de dolor, y de la más pequeña de las nietas, Nora de 11, quien me visitaba asiduamente en mi cuarto para comer caramelo y atole, golosinas que se estaban convirtiendo en sus favoritas.

Le empujé a Maru otro centímetro de verga y topó. Ella no dejaba de menear suavemente sus caderas como si supiera de qué se trataba. Increíble! Su ojetito se salía, se eyectaba de su cuerpo como un pequeño granito, como si dentro de su abdomen mi vergona impulsara lo que había ahí haciéndose espacio.

Ahora sí con ritmo, se la dejaba ir sin reservas hasta el fondo, hasta que sentía que topaba. De mi 8 pulgadas, le metía 6 ó 7, macizo, sin tregua. Con facilidad la levantaba del piso y la sostenía en el aire entrando y saliendo con confianza, con firmeza, haciéndola mujer.

-Pásele, véngase a la cocina que estoy en la estufa haciendo la comida!, escuchamos la voz de su mamá, de mi suegra que invitaba a pasar a su visita con ella. De rayo se la saqué a Maru y le bajé la falda mientras me deslizaba al suelo de nuevo. Ella siguió como si lavara ropa y yo así en cuclillas me subí el short como pude. Escuchando la voz de mi suegra y de su invitado, le levanté la falda a la ex-señorita y la hice que volviera a subir una pierna al lavadero, quería ver "mi obra". Su vagina estaba escurriendo babita, ya no había sangre y el boquete que dejó mi grueso barrote era notable, se abría y cerraba como pidiendo más.

Le bajé la pierna del lavadero y le bajé la falda. Ella se medio agachó y en secreto me dujo: -Quiero más, llévame para arriba contigo. –Cómo?, y qué le digo a tu mamá?, le respondí. –Inventa algo, o ya no me la quieres meter?, me preguntó con una vocecita muy cachonda. Me enderecé y en voz alta dije que era por demás, que no encontraba lo que buscaba. Casi al mismo tiempo Maru y su madre me preguntaron qué era lo que buscaba y yo les respondí que eran unos taquetes para fijar un cortinero, que tendría que ir a la ferretería a comprarlos, dándole un pequeño empellón a mi cuñadita para que se ofreciera. –Yo voy a traértelos, me dijo. –Pero estás lavando, no quiero interrumpirte. –No te preocupes, ya terminé, sólo me faltan unas cuantas prendas, insistió. Yo por supuesto, volteé a ver a mi suegra, buscando algún comentario y lo encontré: -Sí, que vaya ella, la ferretería está a una cuadra, descuida hombre, me dijo amablemente la señora. –Bueno, respondí agradecido, vamos, Maru, para arriba para que me ayudes a "presentar" el cortinero en la pared y medir los agujeros, y para darte dinero, cómo ves? –Vamos, yo te ayudo, me dijo mi nueva mujer.

Ella subió por delante, en la misma escalera se levantaba la falda para que yo fuera viendo su precioso traserito descalzonado. Esta perrita de veras que era muy putilla y caliente. En cuanto entramos a la recamara me eché sobre la cama y me bajé el short diciéndole que se montara arriba de mí y se metiera toda la verga en su cosita. Cuando me vio el camote dudó un poco, su cara lo decía todo: cómo era posible que semejante barbaridad le pudiera entrar en su pequeñéz?!. Cuando se lo metí en la lavandería ni lo vio, por lo que no tuvo tiempo de razonar, de analizar las proporciones como yo, cuando la tenía empinada sobre el lavadero y veía en primer plano tan desigual invasión. –Ándale mi hijita!, no tenemos tiempo, búllele!, le dije impaciente y sin dejar de sóbramela, sintiendo cierta sensación perversa al ver su mueca de miedo, zarandeándomela desde la base, enseñándosela completa, asustándola apropósito. Ella con la falda a la cintura y a los pies de la cama no se decidía, su lógica juvenil le dictaba que no era posible que algo así le cupiera. Era imposible!, le decía su cerebrito calenturiento.

-Hay cuñis, la tienes enooorrrrme de grande!, me da miedo...
-Nombre chiquita, no tengas miedo, ya te la metí toda allá abajo, ven... ven que te la voy a dar rico, como hace ratito.
-Y si me lastimas, la tienes bien gordota y dura, mira cómo se te ve!
-Cómo?
-Muy así... muy grandísima, muy gruesa. No me va a caber en mi pipi. Me va a doler mucho, mejor te la chupo mucho, si?, me dijo pasándose los dedos por la vaginita y con carita de caliente, mirando fijamente mi verga masturbada muy lentamente por mí.
-Me la quieres chupar mucho?
-Sí, mucho mucho mucho, te la quiero mamar mucho.
-Por qué?, no que te asusta. Porqué me la quieres mamar?, dime.
-Porque la tienes muy buena y muy rica. Me encanta cómo se te pone.
-Qué es lo que más te gusta?
-Toda. Me gusta toda, la tienes super.
-Pero más más?, que es lo que más te gusta, la cabezota?, mira cómo se me vé.
-Sí, la cabezota. Parece un corazón al revés, mira cómo se hincha! Ándale déjame chupártela mucho, luego me dejo que me la metas.
-No hay tiempo, mira, tráete ese bote de aceite Ménem y úntame la vergota, ándale apúrate.

Con sus blancas manitas me empapó la verga desde la base hasta la cabezota, con esto mi barrote alcanzó casi las 9 pulgadas. Ella también disfrutaba mucho de esta nueva caricia, con su boquita abierta me masturbaba con las dos manos, de arriba abajo y de abajo para arriba, muy lento viendo somnolienta, de lo caliente que se ponía, como me brillaba poderoso y grosero el vergonón, cabezón y venoso, musculoso y fuerte.

Cuando volvió a ponerse aceite en las manos y lo esparció sobre mi fierro, me enderecé y le metí la lengua en la boca, sin dejar de besarla la recosté boca arriba en la cama, donde yo había estado antes, le subí las enaguas y me coloqué entre sus piernas moviendo bien mi lengua para que no se me asustara. Dejé su boca y bajé por su cuello mientras subía su blusa por encima de sus preciosos senos. Me prendí chupándole del izquierdo y la sentí estremecerse, con mi mano guié a ciegas mi vergona y se la puse en la entrada de su vaginita haciendo el primer intento, se retiró un poquito, quejándose bajito como asustada, como si viera momentáneamente un ratón.

Me subía a su boca y se la volví a invadir con la lengua, sabiendo lo que le gustaban los besos, siempre si dejar de apuntar mi macana a su chochito. Ahora sí entró la cabezona, el resto se fue solo por la acción y ayuda del aceite lubricante. –Ya mi alma, ya te la metí toda, te duele, qué sientes?, le pregunté. –Siento rico, la siento muy dura y gruesa, pero no me duele, ¿ya no me va a doler? –No, ya no te va a doler, de aquí pa´l real te la voy a meter rico sin que te duela, mamacita. Dicho esto, se la estuve bombeando por cerca de 7-8 minutos, se la saqué y la limpié, la mandé a la ferretería, por los taquetes, que la viera su madre, y cuando regresó ahora sí, la hice que se me montara y se encajara todo mi camotón en la vaginita y así le sonamos otros 10 minutos, con ella montada sobre mí y yo mamándole la delicia de pechos que tenía o prendido a su boquita, pasándonos saliva y suspiros mutuamente.

Al final la hice que me embadurnara de aceite la verga otra vez y que me masturbara con ambas manos mientras me chupeteaba la cabezona, después de otros 5 minutos exploté en lechazos, con una cantidad y presión que no sólo la asustaron a ella, sino a mí también: Los dos primeros chorros casi alcanzaron el abanico de techo, de regreso uno se estrelló en mi pecho y el otro en su cabello, el resto, 6 ó 7 chorros acabaron en mi estomago y en sus manos. Me chupó la verga otros 2 minutos, hasta que me sacó la última gota y se metió al baño a lavarse y acicalarse un poco, traía la falda y la blusa bien mascadas, pero le valió y se fue. Allí me quedé tirado, seco y muerto, no había duda: las mujeres de mi nueva familia estaban hechas para eso, para el sexo y todavía me faltaba probar algunas, se dejarían??

Todas, las cuatro, Maru mi cuñada de 15 años, Sara y Nora, hermanas, de 12 y 11, respectivamente y Nena, prima de aquellas de 12 años, emanaban encanto y feminidad mayúsculos por todos lados.

No busco disculpas a lo que hice, ni las necesito, me tocó a mí y ni modo.

En muchas reuniones o fiestas, las visitas masculinas, los hombres vaya, que venían a la casa, no podían disimular sus miradas morbosas sobre alguna de ellas, otros más, otros menos, pero la gran mayoría soñaban con esos cuerpecitos tiernos y esas caritas tan bellas.

Y es que a veces, las niñas se vestían sinceramente muy poco. Como recordarán ustedes, por esos finales de los 80´s, las minifaldas de likra eran lo último, bien cortas y muy embarradas causaban furor entre las adolescentes y jovencitas mexicanas. El maquillaje muy cargado era también muy de moda y en esa casa de puras mujeres, (sólo mi suegro y yo éramos varones, como se los digo en mi primer relato) maquillarse desde tan corta edad, no era ningún problema, así que incluso las niñas se esmeraban en pintarse ojos, mejillas y labios y se peinaban y alborotaban sus cabellos, con tal de parecerse a alguna de las cantantes de los grupos Timbiriche, Flans y demás especimenes musicales del momento.

Con sus pies calzados con tacones medianos, esos sí no tan altos y sus muy cortas falditas envolviendo sólo la parte superior de sus muslos, aparecían en la fiesta caminando con inusitada perfección, como pequeñas señoritas, bien derechitas y saludando a todos los presentes, incluso bien perfumadas. Algunas con blusas de manga larga o corta y botones, otra con camiseta de tirantes y otra sin ellos, sólo con una blusa de tubo, tapándose el busto y enseñando su ombliguito. Ya se imaginarán a los caballeros, jóvenes y adultos, con sus cochinas miradas lo decían todo: Algunos pensaban simplemente que "prometían", y que en un futuro estarían listas para lo que fuera; muchos otros ponían cara de impaciencia, de no poder esperar, y de si por ellos fuera ya las tendrían en una cama refocilándose con sus dulzuras, se les notaba la impotencia, eso, su rostro denotaba una terrible impotencia, una terrible desesperanza. Y yo era el afortunado!! Vivía con ellas! Eran mi familia. Anochecía y amanecía con ellas, y ya había probado a dos...

Y vaya que las seguí probando. Con Maru, mi cuñada de 15, ya tenía sexo completo, cogíamos casi a diario, sólo cuando le bajaba la regla le daba vacaciones, y a veces ni eso, pues la muy golosa no se aguantaba "esos días" y me atendía a mamadas. Se hizo una auténtica experta en el sexo oral, las sesiones con ella eran verdaderos ataques bucales. No sólo me comía la verga sino que mis huevotes eran abatidos con su lengua y boca sin misericordia. Se podía meter todo mi costal testicular y chuparlo por largos minutos, infamándomelo hasta que ya no le cabía en la boca, terrible. Completamente abierto de piernas, de espaldas en la cama, me lamía y mordisqueaba el escroto y me lengüeteaba el culo mientras me masturbaba muy lentamente. Otras veces me tendía boca abajo y le decía que me lamiera las piernas y las nalgas, ella sola, sin que se lo pidiera, me las abría con sus blancas manos y me lengüeteaba el ano haciéndome sentir la gloria en vida. A veces me hacía eyacular sin necesidad de jalármela; así como estaba, boca abajo, me venía a cántaros sobre las sábanas sólo con sentir el estilete de su lengua jugueteando con mi culito. Dejándome bien dormido, exhausto, inconsciente, ella se iba sin decir nada. Cuando despertaba, estaba muy tapadito, con todo el abdomen pegajoso, y el culo bien mojado de saliva de princesa, sabroso...

Nora, la rubia de 11 años, seguía siendo mi despertador cuando venía y se escurría por debajo de mi sábana y me despertaba comiéndome la verga, o los martes de mercado, que la dejaban "a mi cuidado" y le daba unas cabeceadas con el chile bárbaras en su papita y colita. No se lo metía, tenía miedo de lastimarla, pero eso sí, se la pasaba por todos lados, ya hasta la había enseñado a masturbarme con sus muslos, parada y yo sentado en la cama se la ponía entre las piernas y me la sentaba en el regazo y ella empezaba el vaivén, hasta parecía que la verga era de ella, le salía mucho por delante, también la enseñé a masturbarme con sus suavecitos pies. Además mis ataques orales a su vaginita eran a veces larguísimos, me enloquecía su sabor y a ella le encantaba que me la comiera con tanta devoción. A veces se la dejaba muy roja e hinchadita por tanto chupete y fricción de mi lengua y de mi verga. Ya no me venía en su boca. en uno de esos martes salvajes, se le revolvió el estómago de tanta leche que le di y vomitó todo, ni siquiera había desayunado, así que lo que aventó fueron puros mocos míos, pero en cantidad!, ya le había vaciado tres venidas en la boca y le cayeron de peso. Me asusté de a madre y ya no se la di a beber. Ella quería, le encantaba el sabor, pero yo no le daba, sólo le daba los últimos chorritos y la dejaba que me limpiara la verga con la boca, no quería broncas.

Pero... siempre hay un pero. Mi esposa se incapacitó por maternidad. 40 días antes + 40 días después del parto, casi 3 meses con ella en la casa!! Casi me da un soponcio cuando me trajo el papel de incapacidad, carajo! Y ahora cómo le iba a hacer?, con ella el sexo estaba vetado y con mis ninfas, iba a estar muy complicado. Tendría que buscar el modo, si no me iba a morir de la calentura .Además todavía me faltaban las otras dos nenitas.

De estas dos pequeñas beldades la que más me llamaba la atención, siempre, era Nena, la morenita de 12 años. Todas en su estilo, se veían hermosas, pero esta divinidad acaparaba miradas y morbididades, mías y de quien la viera en las fiestas familiares. Por esas fechas se festejaron los 35 años de matrimonio de mis suegros. En un salón para fiestas se hizo la celebración, con cena, música en vivo y baile.

Salimos de la casa rumbo al casino y como mi coche era compacto, un VW Caribe, automático, de 4 puertas, mi esposa se fue con una de sus hermanas en un carro amplio, donde fuera más a gusto y no "saltara tanto", dijeron. A mí me tocó el sacrificio llevarme a la niñas, a las tres nietas. Como siempre, ellas eran las últimas en terminarse de arreglar, así que me abrí una cerveza y me dispuse a esperar a sus majestades.

Estábamos en la ultima semana de septiembre del 87, era una tarde templada que prometía una noche deliciosa. Y vaya que estuvo deliciosa.

Por fin, después de tres cervezas y de que les empecé a chiflar para presionarlas, como lo hacemos en los partidos de fútbol, cuando queremos que el arbitro pite el final, aparecieron. Sara y su hermana Nora, de pantalón, preciosas y bien maquilladas, discretas... pero Nena, IMPRESIONANTE!! Con una minifalda negra satinada, apretada y muy cerrada de abajo, como se usaban entonces, a medio muslo, marcándole toda la muslera y las caderas, blusa de tubo color blanco, tapando solo su busto todavía escaso pero suficiente para lo que se ofreciera, y para finalizar zapatos cerrados de tacón completo, la ocasión lo ameritaba y se los autorizaron, y sin medias. Mucho más maquillada que sus primas, con sus ojos muy resaltados con delineador y mucho rimel.

Fuuiii-fuuuiii, le silbé embelesado sentado donde estaba, ella coqueta se giró sobre sus pies, mostrándose, mamacita!! La falda se le embarraba en el abdomen y el bajo vientre, pues sus nalgas la jalaban hacia atrás! Se podía adivinar bajo la delgada tela brillante de la falda su ombliguito, su grupa y la parte delantera de sus muslos, deliciosa. –Cómo quedé, tío?, te gusto?, preguntó muy coqueta, demasiado, sabiendo que yo ya la traía en jabón, (ya eran varios meses que le daba sus arrimones a su tía Maru y a su prima Nora, no creía que nunca nos hubiera visto, o ellas no hubieran platicado algo, todo se decían).

La verga me dio un brinco y se me paró completamente, se miraba imponente la niña, incluso aparentaba más edad. –Hermosa, divina, chiquita mía te ves muy linda, le contesté arrastrando las palabras y sin dejar de mirarle la falda, confirmándole que sí, en efecto, la traía en jabón. Cerré la casa y empeñado en que Nena se fuera adelante conmigo en el carro, mandé a las hermanitas por delante con las llaves y a ella la agarré de la cintura y la hice caminar a mi lado, muy despacito, sintiendo su cuerpecito y diciéndole en secreto que se veía hermosa, oliendo su perfume e insinuándole mis deseos de hombre.

La verga me dolía, el pantalón del traje color beige que traía se deformaba, no podía contener semejante erección. Cuando por fin llegamos al carro, Sara se había sentado adelante, de copiloto y Nora su hermana, atrás. Me lleva la chingada!, pensé, ni pedo, qué le decía. Abrí la puerta de atrás del carro y agarré a Nena de la cintura con mis dos manos, parándola delante de mí, como invitándola a subir, pero cuando ella se puso de espaldas a mí, aproveché la penumbra, ya anochecía, y la atraje a mí y le pagué toda la verga en el trasero paradito y pasé una de mis manos a su abdomen, a su pancita diciéndole que me había mareado con las cervezas que me tomé, por el aire de la noche.

–Hay tío, no vayas a chocar!, me dijo algo preocupada. –No mi´ja, ahorita se me pasa, le contesté mientras le restregaba todo el fierro en sus picudas nalguitas y le sobaba la barriguita, haciéndola que las echara más para atrás. Con la otra mano le quité el cabello de uno de sus hombros y se lo besé, confiado, cariñoso, con su culito perfectamente montado en mi vergona por los tacones tan altos que traía y sus largas piernas. Dócilmente se dejó hacer, por lo satinado de la faldita que traía, mi verga se deslizaba suavemente de una nalga a otra y en medio de ellas sintiendo claramente la división divina de su colita.

Después de dos ó tres minutos, la subí al carro y casi me deslumbran sus muslos, la mini se le subió casi hasta el calzoncito, qué piernas, que bruta! Chingado!, cómo me hubiera gustado ir viendo esas delicias todo el camino. Cuando cerré la puerta vi claramente sus ojazos café claro y bien maquillados posados sobre el salchichón que se me notaba claramente por el color del pantalón, revisando con curioso morbo lo que le había restregado en el trasero. Ya cayó!!, pensé feliz. Me subí al volante y emprendimos el camino al salón de fiestas, a media hora de la casa.

La verga se me notaba escandalosamente, no lo podía evitar, hasta la voz de Nena me excitaba mucho, cuando platicaba algo el fierro me brincaba dentro del pantalón, sentía claramente como me iba goteando la cabezota como si su voz le mandara saltar; de buenas que traía el saco para taparme cuando llegáramos. Al pararme en un semáforo, volteé a ver por el espejo de lado derecho y sorprendí a Sara, sentada a mi lado, mirándome fijamente la verga, viendo cómo se movía sola, cómo se zarandeaba dentro de mis pantalones.

Al pasar por una tienda de conveniencia, me detuve y me bajé a comprar unas cervezas para el camino y pedí el baño, eché una buena meada y me acomodé la verga y los huevos por fuera de la trusa y al otro lado, es decir apuntando a la derecha. Me quité el saco y me tapé con él el bultón. Pagué y me subí al coche. Allí mismo en el estacionamiento bien iluminado de la tienda, puse el saco en medio de los asientos y me abrí una cerveza, dejándole ver a Sara el salchichón completo que se me notaba ahora clarito, hasta la cabezona se me dibujaba perfectamente en la delgada tela del pantalón. Ella hasta se recargó en la puerta, casi sentada de frente a mí, para ver mejor mi vergona oculta.

Así seguí manejando y en otro semáforo, volteé a verla y le agarré la cara acariciándole una mejilla. –Tienes sueño, chaparrita?, le pregunté. –No, tío, porqué?. –Te ves cansadita, ven, le dije. Vino y se metió debajo de mi brazo, con su carita en mi pecho, cariñosa. Ya por las cervezas todo me valía madre, así que con la otra mano le agarré la suya y la puse sobre la protuberancia de mi pantalón, sin decirle nada, solo besándole la cabeza, haciéndola que mirara hacia abajo, a verme la verga mientras me la acariciaba. Así seguí mi camino, y como el carro lo había comprado automático para que mi esposa lo manejara, iba de lo más a gusto, con una preciosa nenita de 12 años, recostada en mi pecho, apretándome y sobándome la verga y tomando cerveza. Mientras las otras dos iban atrás mirando por las ventanillas el camino, sin imaginarse lo que veníamos haciendo adelante.

Cuando llegamos al casino, ya estaba muy lleno el estacionamiento, así que bajé a Nora y a Nena en la puerta y con Sara me fui a estacionar, diciéndoles que fueran rápido con sus madres y les dijeran que ya habíamos llegado, que seguramente ya estarían preocupadas. Que Sara y yo íbamos a buscar un lugar... un lugar donde pudiera ahogarla de verga, pensé, ya me dolían los huevos de tanta caricia de esas delgadas y ligeras manitas. A Sara la tuve que enderezar, retirar de mi pecho, porque no me dejaba de sobar la verga y en la puerta había algo de gente, sólo se me separó un poco pero me siguió acariciando el fierro.

Cundo avancé por el interior del estacionamiento, ella sola se recargó en mi pecho y siguió sus frotamientos en mi pantalón saliéndosele un suspiro. –Qué, mi´ja, qué tienes? Te gusta?, le pregunté. –Hay sí, tío, la tienes muy grande, está muy dura. –La quieres ver? –Sí, pero no nos ve nadie? –No creo, le dije desabrochándome los pantalones y sacándomela toda, bien parada, caliente y con la cabezota brillante de tanto juguito que me salió por el camino, ella la rodeo con su manita fría y delicada y me la fue apretando torpemente, le hacía falta capacitación, ese no era problema. Divisé un lugar en medio de dos pick-ups y me paré allí. Mal apagué el carro y me bajé la ropa hasta medio muslo. La verga salió infame, potente. –Qué te parece, Sarita?, pregunté orgulloso. –Hay tío, la tienes bien grandota y bien gorda, me dijo mirándola fijamente. –Ya habías visto otras? –Sí, un viejo nos la enseñó allá por la escuela, a una amiga y a mí, hace como un mes, pero no la tenía así. –Así cómo?, le pregunté sin dejar de masturbarme. –Así, tan grande, tan larga y tan gruesa.

Sara es muy delgada, muy espigada y delicada, de cabello castaño claro, casi rojizo, de piel muy blanca, pálida. Se podría decir que es pelirroja por el color de su pelo y de su piel, ya ven que las pelirrojas son más blancas incluso que las rubias naturales, hermosa la niña en verdad. Sus ojos son verde olivo y su cara muy bonita, de familia, de boca muy rosita y de buen tamaño, no tiene la boca chica, para nada.

--Mira cómo me la jalo, quiero que me lo hagas tú, cómo ves, podrás?, le pregunté masturbándome todo el lomo de la vergona. –Sí tío, pero no nos verán. –No, apúrate, mira cómo la traigo. –No te duele?, está muy hinchada. –Sí, un poco, dale un besito en la puntita. Hay mamita!, sin que le dijera cómo me la empezó a mamar delicioso, mientras yo me la jalaba para acabar pronto, no fuera a venir alguien y en la torre!, hasta el bote iba a dar. Luego de unos minutos, le dije que buscara un trapo bajo el asiento y le dije que me besara en la boca. –No sé cómo, tío. -Yo te enseño, mi´ja, sólo abre la boquita y hazme lo mismo que le hiciste a mi cosa. La hinqué en medio de los asientos y con mi brazo derecho le rodeé la cintura y con la mano izquierda me seguí masturbando. Mmmm, qué ricos besos daba esta niña, qué rápido aprendió. Le daba la lengua en la boca y me la chupaba como si fuera una verguita o le cerraba mis labios y se los paraba como para dar besitos y me los chupaba igual, como si mamara verga, riquísimo. Cuando le dije que me diera su lengua, huy, qué delicia, muy fina y larga.

Ahí sentí mi venida, sus besos eran demasiado. La retiré y le dije que me la jalara con sus dos manitas y que apuntara hacia el trapo, yo tomé la garra y empezó la danza de chorros de semen, 4, 5 , 6 ,7... bien espeso, bien concentrado. –Eso es el espermatozoide, tío?, preguntó sin dejar de mirar como me seguía saliendo lefa. –Los espermatozoides, reina, cómo sabes de eso? –En la escuela y con las amigas, tío, eso es lo que embaraza, vedad? –Sí, mi´ja, pero por la boca no. –Se come?!, preguntó interesada. –Huy sí, vas a ver cómo te van a gustar cuando te los dé directo de mi vergota, mamita. –Sí, verdad tío, es una vergota la que tienes tú. –Sí, reinita, una vergota para ti, pero si te gustó debes ser muy discreta y no comentar con nadie nada de esto, sí?. –Con la que he platicado de ti es con mi prima Nena, es que a ella también le llama mucho la atención cómo la tienes. –Pues cuando me la ha visto?, pregunté admirado. –Nunca, pero es que se te nota mucho, en la casa cuando andas en shorts se te ve demasiado, bien rico, me dijo dándome un ultimo apretón, y Nena dice que le gustaría vértela alguna vez.

Ya estaba!, sin querer queriendo, todo se iba dando.

CAPITULO 3
Un cabrón suertudo... eso es lo que yo era. Como en un vil juego de dominó con principiantes, las cosas se acomodaban a mi favor. Explotando la novata curiosidad y la morosidad intrépida de "las jugadoras", avanzaba solo, sin precipitaciones. Excelente!! Ya llevaba tres, tres divinas niñas. Una adolescente taciturna, mi cuñada Maru de 15, esquiva y seria, pero con el resto del mundo, porque lo que era conmigo, para nada. Además de sumamente hermosa, bastante complaciente en el sexo y dispuesta a seguir aprendiendo.

Nora, la pequeña rubia de 11, una beldad en miniatura, de facciones perfectas y con un cuerpecito lleno de curvitas. De muslos llenos y nalgas hinchadas. Callada, eso sí. Nunca hablábamos de mis 8 pulgadas, ni aunque me hincara montado en su pecho, como lo hacía cuando yo mismo veía que la vergona me crecía endiabladamente por su culpa, con toda la intención de ponérsela en primerísimo plano, a que la viera de cerca!, para que dijera algo!, a que alimentara mi ego!... y nada... nada decía. Le gustaba, eso sí se notaba, le gustaba mucho mi verga. Mientras yo me la jalaba ella me la miraba encantada. La recorría con sus ojos azules desde la base hasta la cabezota, pero no decía nada, ni un piropo le echaba a mi encabritado chilón.

-Te gusta, Norita?, le preguntaba mientras me la zarandeaba obscenamente ante sus ojos.

-Sí, me respondía sin decir más, un solo SI. Se enderezaba y se apoyaba en sus brazos sentándose en la cama, abriendo bien su boca y sacudiéndose el cabello de su cara, preparándose para recibirla, para dejarme entrar hasta su campanilla como diciéndome "ya no tengo más que agregar, dámela". Y así, yo de rodillas y ella sentada en la cama, le daba de comer, entrando y saliendo de su boquita, hasta ahogarla, hasta que no podía agarrar aire, para sacársela toda, cubierta de su saliva, más parada que cuando se la enseñé, reventándoseme las venas y con la cabezota morada para ver si ahora sí decía algo, pero nada... sólo se limpiaba la boca con el antebrazo, agarraba aire y la volvía a abrir... y dale, y dale, y dale... hasta que me venía la descarga de atole que tanto le gustaba a la comelona huerita.

Y ahora... la hermosa y elegante Sara, de 12 años. Muy esbelta, de piernas y brazos muy largos, pelirroja con una cara de ángel, pálida de piel, de grandes ojos verde-oscuro-pardo y, por lo visto, esta sí bastante impresionable cuando ve algo "tan grande, tan largo y tan grueso" y muy escandalosa y sincera en sus halagos. Qué absurdo!, ella fue la que provocó que su hermana Nora fuera tan reservada en sus opiniones hacia mis genitales, cuando en la escalera la regañó por mirármelos con exagerado interés. Se los platico en mi primer relato. De este angelito me faltaba probar sus ricuras, pero estaba seguro, porque así se veía, que estaba muy rica, tan rica como su hermanita y su tía.

Sólo me faltaba la Reina de Reinas, Nena de 12. La encantadora Nena. La mejor de todas. Incluso, para mí, la mejor de esa casa. A los 12 años era ya la más guapa de todas incluyendo a las mayores, su madre y sus tías. No me lo crean, pero esa criatura estaba impresionantemente hermosa. Ya se las describí un par de veces, relatos atrás: Morena, de piel color canela tierna, de 1.50 m, aprox y poco menos de 50 kgs. Cabello castaño oscuro, lacio a media espalda. Carita ovalada, pómulos altos, nariz pequeña. Con una boca perfecta, carnosa de labios y una fácil y blanquísima sonrisa. Y su cuerpo, compañeros!! Infames y sinuosos muslos, redondos, sedosos como toda ella, largos e interminables, coronados por unas caderas y unas nalgas que quitaban el aliento al que la viera en la casa, en la calle, en las fiestas y dónde estuviera. Y unos pechos paraditos, puntillosos; parecía que siempre tenía frío, no importaba la textura de la blusa que trajera, pues siempre se le dibujaban claramente los pezones. Era imposible no voltear a contemplarla, a disfrutarla con la mirada, aunque en el proceso las observadoras damas presentes te acusaran, con el pensamiento, de chacalón.

Como en esa fiesta del 35 aniversario de matrimonio de mis suegros, qué brutos! Cuánta baba cayó al piso esa noche!! Los adolescentes hacían fila para sacarla a bailar, los adultos aprovechaban cualquier descuido de sus esposas y novias para echarse un taquito de ojo admirando, aunque fuera furtivamente, esa divinidad envuelta en una minifalda satinada y un top-tubo entallado, cubriendo su torneado torso, sus desafiantes tetitas. Con esos tacones tan altos y su cara con un maquillaje tan pesado, bailando suelto, mostrándose toda, dueña de la pista, invitando al estupro. Morenita de fuego, bailando divino con movimientos lentos, siguiendo la cadencia de la música, levantando sus brazos sobre su cabeza, mostrando la blancura de sus axilas, así es, ella morenita, pero sus sobaquitos claros, tersos, perfectos. TODOS la miraban, las otras mujeres en la pista no existían, incluso los que bailaban la veían a ella, no a su pareja!!

Qué divertida me di esa noche. Cómo gocé de mi gran suerte. Qué dicha verles las caras de impaciencia, de nervios, de desventura. Pobres cabrones!!

Mi esposa se la pasó sentada, sólo faltaba poco más de un mes para que se aliviara. Yo me dispuse a beber, casi ni cené. Ya más de rato y viendo aburrido a mi mujer en la platica con cuanta señora se arrimaba a preguntarle cómo iba, me fui y me senté en una mesa cerca de la pista que nunca se ocupó. Mis ninfas, se fueron a sentar conmigo, las tres nietas. Ya estábamos identificados, en la familia, como con una muy buena relación fraternal. Me seguían mucho. Como si el hecho de tener un tío joven fuese para ellas todo un evento, así lo veían todos. Qué suerte, no? Yo era el único que no se quejaba de sus gustos musicales; al contrario, les compraba cuanta novedad saliera de cuanto grupito o cantante juvenil apareciera, o les llevaba posters y revistas. Ya era el tío consentido, siempre estaban conmigo, y esa noche no era la excepción.

Platicando con ellas, rodeándome interesadas en lo que les decía, ni se preocupaban por bailar o ver a los jovencitos que lógicamente estaban al pendiente de ellas, algunos ya ni tan jóvenes, por cierto. Hechos bolita recortábamos y criticábamos a la gente en secreto. Divertidos observábamos los peinados y los vestidos de las señoras, algunos francamente ridículos. Las hermanas, Sara y Nora, estaban sentadas a mis costados y Nena la Reina, enseguida de Sara, a mi izquierda, por lo que no podía escuchar bien, por el ruido de la música, lo que nos decíamos, sólo veía cómo nos carcajeábamos de la risa. Así que se levantó de su silla y de pie me echó un brazo por encima de los hombros y se pegó a mí, haciéndose espacio entre Sara y yo.

Su muslo suave y ancho quedó pegado a mi brazo, ya hacía rato que me había quitado el saco y me había arremangado la camisa, por lo que en mi antebrazo sentía todo el poder y la tersura de esa piernota bendita. La faldita le daba poco más arriba de medio muslo, por lo rápido que se había levantado de su lugar y por su interés en nuestros viboréos, no se la había acomodado. Tener tan cerca esas brillosas piernotas, por la crema que se puso, me tenía bizco, las recorría con la mirada, desde las pantorrillas, por las rodillas, hasta donde me dejaba ver la pequeña faldita. Al terminar con nuestra siguiente "víctima", todos nos reímos y yo me enderecé y la rodeé de su apretada y pequeña cintura jalándola hacía mí sintiendo toda la parte izquierda de su redondo cuerpazo pegado a mí, girándola un poquito buscando el modo de sentir su monte en mis costillas, abultadito, rico. Ella se apretaba a mí, sin soltarme del cuello y del hombro, pegadita a mí, incluso pude oler, momentáneamente, su dulce desodorante al quedar tan cerca su axila de mi cara. Luego, muy en secreto, las citaba y me agachaba y Nena se ponía en cuclillas, agarrándose de mi pierna, así me dejaba ver hasta muy adentro de sus muslos, divisando la blancura de su calzoncito, mamacita!! En todo el viaje de mis ojos por en medio de sus piernas sentía cómo si me hundiera en un lago de perfección, qué bárbara!, que buenota estaba esta niña.

Luego se levantaba de nuevo y se ponía a mi costado tomándome del cuello, paradita junto y pegada a mí. Yo ponía mi mano en mi pierna y con el codo le acariciaba los muslos y la grupa por encima de la falda, sin notar que ella se retirara al sentir mis atrevidas frotaciones. La verga la traía muy parada y me la empecé a agarrar disimuladamente con esa mano, la izquierda. Aunque andaba muy tomado volteé a vigilar a los presentes, a ver si alguien nos observaba. Nada, todos estaban en lo suyo, bailando, bebiendo, hablando. Nadie se fijaba en nosotros. En eso llegó un joven, de unos 17-18 años de muy buena facha, a invitar a Nena a bailar y ella lo rechazó. La acerqué más y la hice que se inclinara sobre mí diciéndole al oído que fuera a bailar, que se divirtiera. –No, tío, yo me quiero quedar contigo, me respondió segura. –Así, abrazaditos?, le pregunté de nuevo, lanzado y borrachón. –Sí, así, me respondió mirándome directo con sus inmensos ojos café oscuro, medio adormecidos por la excitación que le iba subiendo. Se veía hermosa mi niña!

La vergota me brincaba descontrolada, ese cuerpecito me agobiaba, me perdía. Duro, firme, redondo y perfumado, muy perfumado. El olor de su axila me llegaba al centro del cerebro, sus jóvenes feromonas taladraban mis sentidos, esos vapores divinos me embriagaban más que el whisky que desde hacía rato bebía afanosamente, es mi bebida favorita, y ahora, ese sería mi olor favorito. Whisky!!, mi vaso hacía rato que estaba vacío, al buscar un mesero para encargarle otro, encontré los divinos ojos verdes de Sara posados en el bulto que la verga me hacía en el pantalón, como cuando veníamos en el coche al casino, o como cuando llegamos al estacionamiento y me bajé los pantalones enseñándosela, brincona y cabezona. Nora, la rubia, se fue a la mesa de sus padres y aún así Nena siguió parada a mi lado.

Con el mantel me tapé la verga y la miré a los ojos haciéndole la seña de que me la agarrara. Ella deslizó su manita derecha y me la empezó a acariciar a todo lo largo del tronco, sobre el pantalón, escondiendo sus movimientos delante de las super piernas de su prima. El mesero llegó y le pedí otro vaso, se fue y lo trajo. Cuando bebí, me destapé a propósito un poco el mantel y vi cómo Nena miraba la mano de su primita masajeándome el bultote con disimulo. Sus ojos lo dijeron todo, ya nada existió, el interés que esa imagen despertó en ella lo acaparó todo. Me volví a tapar y le dije descarado a Sara, delante de Nena, que me la agarrara con las dos manos. Ella arrimó un poco su silla a mí y se acomodó de tal manera que pudiera maniobrarme la vergota con ambas manitas. Me destapé de nuevo y le dejé ver a Nena como era acariciado por Sara dedicadamente con sus blancas y delgadas manos. La morena con su boquita abierta miraba hipnotizada los frotamientos de su prima en mi grosera erección, veía claramente a la pelirroja amasarme la verga, apretármela mucho y meter su mano izquierda entre mis piernas acariciándome los huevos.

Me volví a tapar y Nena se vino a sentar a mi lado, donde estuvo Nora unos minutos antes. Se veía nerviosa, impaciente. Se veía caliente, vaya! Se le notaba la boca seca, parecía que tenía fiebre, los pómulos se le enrojecieron, acalorada miraba de reojo los movimientos manuales de su prima bajo el mantel. Retiré las manos de Sara de mi chilón y empezamos a platicar de nuevo como si no hubiera pasado nada. Después de una media hora les dije que si ya nos íbamos, que yo ya estaba muy cansado, ya estaba Nora con nosotros otra vez, sentada junto a Nena. Las dos mayores dijeron que sí, que ellas se iban conmigo, no así la rubia, que se quiso quedar con su mamá. Eran cerca de la 1:00 AM, todavía faltaba un buen rato para que se acabara aquello, ya conocía a esta familia, de que agarraban fiesta casi les amanecía. Fui y le dije a mi esposa y suegra que ya la niñas tenían mucho sueño y ellas se los confirmaron bostezando exageradamente, actuando (qué tal?, les digo que todo se me daba solito!!) y nos retiramos.

Salimos y nos dirigimos al carro, ya no le di a Sara las llaves, de pendejo! Tomé a Nena de la cintura y la atraje a mí, rodeándola completa. De inmediato le vergota se me puso de bandera, en firmes! Caminando por dentro del estacionamiento, casi para llegar al coche me busqué las llaves y no las traía, las había dejado en la mesa con mi esposa, se me olvidaron. Le dije a Sara que fuera por ellas con su tía. Cuando nos quedamos solos Nena y yo, me hice el mareado y ella me agarró y me recargué en mi coche abrazándome a su cinturita. –Te sientes bien, tío?, me preguntó muy preocupada. –Sí mi´ja, me pegaron los tragos, le dije embarrándomela toda frente a mí. –Hay tío, me da miedo. –Qué te da miedo?, chiquita, ven, le dije tomándola de la cara con una mano y acariciándole la espalda desnuda con la otra, sintiendo como temblaba nerviosa, nunca había sentido a un hombre así. La verga la tenía en su abdomen, cruzándole de lado a lado. Me deslicé un poco hacia abajo por el costado del carro y me abrí de piernas, acomodando a la niña en medio de ellas, aún con tacones yo era bastante más alto, mi intención era hacerla sentir, por vez primera, un buen garrote en su papita, quería ver su reacción.

Con sus manitas entrelazadas en su pecho sintió ahora mi caliente vergón en su entrepierna, su respiración se interrumpió momentáneamente hasta que me terminé de acomodar. La sentí temblar entre mis manos, la sentí quejarse bajito. –Tienes frío, reina?, ven abrázame, le dije muy quedo. Mirándome fijamente desenlazó sus manos y las pasó sobre mis hombros, recostándose en el derecho. Empecé a frotarle la verga con suavidad, no quería asustarla, no tenía caso. Cuando noté que ella solita se empezaba a mover sobre mí, más confiada, empecé a acariciarla más aventado, pero con calmita. Fue así como llegué a sus redondísimas nalguitas, por vez primera acariciaba esos portentos infantiles, esas esferas de carnita que tantos pensamientos y sueños insanos despertaban entre conocidos y desconocidos. Muy suavemente los invadí con mis dedos, descubriéndolos, conociéndolos. Nunca había tocado un par de nalgas más perfectas y duritas, las de mi esposa son de campeonato, o eran?, quién sabe cómo irían a quedar después del parto, pero éstas... Dios!!!

-Haaay, tío..., se quejó con vocecita temblorosa, sin dejar de menearse sobre mi vergón. –Qué mi´ja?, qué tienes?, le pregunté también excitado. -Siento muy grande tu esa, me aprieta. –Dónde mami? –Allí, en mi esa, la tienes bien dura y bien grande. –Ahorita te la voy a enseñar, la quieres ver?, pregunté. –Síii, pero aquí? –No, cuando lleguemos a la casa, le dije siempre restregándosela en la papita, cuando lleguemos a la casa le dices a Sara que ya te vas a acostar, que se vaya a su casa y yo te espero en la sala, si? –Bueno, pero si llegan mi mamá y mis abuelitos?. –Por eso nos quedamos en la sala, de ahí se ve el portón. –Bueno, ya viene Sara con las llaves, tío, me respondió y nos separamos.

En cuanto me dio las llaves subí a Nena adelante y a la pelirroja atrás. Emprendimos el viaje a casa y a los diez minutos Sara desapareció del retrovisor, le pregunté a la morenita por su prima y me dijo que venía bien dormida recostada sobre el asiento. Emocionado volteé a ver los muslazos de Nena, deliciosos, en cada arbotante que pasábamos me deslumbraban, gordos y largos, y allí voy... a acariciar esas bellezas por vez primera, platicando, platicando, no dejaba de recorrer con mi mano derecha esos muslones de gimnasta, suavecitos, lampiños.

Cuando llegamos a la casa, Nena le dijo a su prima que despertara porque ya llegábamos y la acompañó a su cuarto. Yo me metí al baño a mear y cuando me la sacudía me llegó un olor nauseabundo. Por la venidota que me di con Sara en el estacionamiento y por las secreciones de la noche, me olía a garras. Me bajé los calzones y me la lavé bien, incluidos los huevos, con champú y jabón, me puse bastante crema y hasta de un desodorante en spray que allí me encontré, era la primera verga que esta pequeña iba a probar, no quería decepcionarla, me la volví a enjuagar y listo. Me lavé bien la boca con el cepillo de dientes más nuevo que encontré, no había problema, eran puras mujercitas las habitantes de esa casa, las probabilidades de que fuera de mi suegro eran escasas, además me valía madre. De seguro también serían sus primeros besos, debía ser considerado, no?

Cuando salí, Nena ya estaba sentada en un sillón de la sala, vestida como llegó, con su mini negra y su top-tubo blanco, aún con tacones, mamita!, qué bueno que no se cambió, se me olvidó decirle que así se quedara. Incluso noté que se había retocado el maquillaje, se veía hermosa. Nervioso, sí nervioso, raro verdad?, ni con su tía Maru, ni con sus primas me puse nervioso, nunca, pero esta princesa me enloquecía, era otra cosa, me acerqué a ella y la puse de pie, quería gozarla con la mirada, disfrutar de su perfección. Empecé a besarle las mejillas, muy calmado, despacito, tratándola como mujercita. Ella sola me ponía la boca cada que cambiaba de mejilla, yo me la brincaba y solo la rozaba con los labios, jugueteando con ella, satisfecho de mis avances. Hasta que al fin me apoderé de sus labios carnosos, virginales y suaves. Les pasé la lengua con suavidad y se la fui introduciendo, poco a poco y pidiéndole la suya. Al ratito ya nos besábamos rico de lenguita mientras mis manos volaban por sus costados, sus pechitos y sus nalgas de ensueño.

Encantado por su protuberante culito la puse de espaldas a mí y le subí la falda a la cintura, viendo desde arriba su calzón blanco, mediano y el ámpula de su trasero me encandiló. Caí de rodillas, quería verlo de cerca, por fin verlo de cerca y al desnudo. Se lo agarré encantado de su firmeza, de su juventud. Los muslos de esa niña, mirados desde atrás eran un poema, los lamí, los mordisqueé, los besé. Le bajé el calzoncito a media pierna y le empiné en el descansa brazos del sillón, a lamerle bien las nalguitas y las piernotas. Le abrí las nalgas y le lenguetié el culito y la pepita rica, dulce, húmeda y semiabierta por las calenturas de la noche. Qué cosa más rica, ni por lo tarde que era, ni por lo que anduvo bailando le olía mal, para nada, ni le sabía desagradable, no, nada de eso. Le quité todo el calzón y la senté, le abrí las piernas y me metí de cara en su vaginita rica, lampiñita, a comérsela toda.

No dejaba de acariciarle las piernas y las pantorrillas, me traía loco su suavidad y su firme textura. La agarraba de los zapatos, por el tacón y se los subía mucho, para que se abriera bien, para llegar bien adentro con mi lengua. Su clítoris se manifestaba en cada pasón de mi lengua, increíble, tan pequeña. Me la comí un buen rato, no sé, media hora tal vez, no me podía separar de ella, se la dejé muy colorada y babeadita. Ella se quejaba bajito y me acariciaba los cabellos, embelesada. Siempre, siempre le gustó mucho esto, que se la mamara, o sea, a ella la enloquecía que se la comiera y a mí me enloquecía comérmela. Nunca probé, hasta hoy, vagina más deliciosa en la vida, jamás.

Seguía descubriendo delicias. Me subí haciendo un esfuerzo por separarme de ese caramelo juvenil y me fui a sus pechitos. Le levanté el top y aparecieron. Amplios de abajo, casi ocupaban todo su pecho estrecho y puntiagudos de arriba, como unos conos anchos de la base y cónicos de arriba, hasta los pezones eran puntiaguditos, oscuritos, café con leche. Me prendí del derecho y acaricié el izquierdo. Durísimos, firmes, los pezones se hinchaban y paraban como si fueran verguitas. Me paseé por cada uno de ellos con la boca, se los juntaba en medio y me los comía juntos, lengüeteando parejo, pasándole mi saliva de pezón a pezón.

Recordando la claridad de su clítoris me subí a su oído y le pregunté si ya le había bajado la regla. –Desde los 10 años, por qué?, me dijo en un suspiro. –Porque estás muy rica, mi vida, ya eres una mujercita, le respondí viendo como se sonreía orgullosilla, mientras me bajaba a sus tetitas, sin dejar de mirarla a los ojotes bien pintados. Le alcé los brazos y me puse a oler sus axilas, exquisito!, me endiablaba ese aroma, me perdía, me llegaba al centro mismo del psiquis. Se las lamí las dos, qué cosa más rica. Hasta hoy, con 27 años de edad, nunca se rasuró, no necesitó depilarse, nunca le salió un solo bello en las axilas. Me fui de nuevo sobre sus tetitas, a mordisquear y saborear esos pezoncitos tan paraditos.

Otro esfuerzo mayúsculo para separarme de esas verguitas ricas y me puse de pie, ella se enderezó y se puso atenta. La verga me salía por un lado del pantalón, me hacía un pico por la bolsa izquierda, pocas veces la había traído tan parada. Me desabroché el pantalón y los chones y se la enseñé. Eran fácil 9 pulgadas, paradísima que la traía, esta canija me traía enfermo desde hacía tiempo, pero enfermo de muerte. Ella se llevó una mano a la boca, incrédula. –Te gusta, reina?, pregunté triunfante. –Haaay tío, qué bárbaro, cómo la tienes!, respondió, sonriéndose por momentos, de nervios. –Te gusta o no? –Sí, pero está muy así. –Muy así, cómo. –Muy exagerada, no sé. –Qué, ya habías visto otras? –Sí, la de papá, pero no la tiene así. –Te la enseñó tu papá?, pregunté recordando aquello que escuché escondido en las escaleras, cuando les platicó eso a sus primas. –No, yo entré al baño y él hacía pipí. –Se le veía parada como esta? –Sí, se le veía parada, pero era la mitad de la tuya, no estaba tan grande!, me respondió.

CARAJOOO!!!, hasta al padre se le antojaba su hijita. Cómo era posible que la trajera parada cuando meaba??, cabrón concuño. –Todavía estaba orinando cuando entraste esa ocasión?, pregunté queriendo asegurarme de mis sospechas. –No, ya van varias veces que lo encuentro así, y sólo se la está como sacudiendo. –Así?, le pregunté mientras me la zarandeaba ante sus ojazos, viendo cómo se le abrían impresionados. –Ándale así, pero la tuya se ve bien grandísima, bien tosca. Puse una rodilla en el sillón y se la estampé en la cara. Subió sus manos y la agarró, casi me vengo ahí mismo, hasta el contacto de las manitas de esta beba era enloquecedor, desesperante. –La querías ver, verdad?, le pregunté, esperando una respuesta parecida a la confesión que me hizo su prima en el carro. –Sí, me llamaba mucho la atención cómo se te notaba bastante, se me hacía que tenías mucho. Y cómo ves? –Hay, tío, tienes bastante, más de lo que me imaginaba, la veo muy gruesa y grande, muy grande. –Pues ándale, reina, tócala y bésala, es tuya, toda tuya. Cuando ella empezó a acariciarla con sus manos y sus mejillas escuchamos el cerrojo del portón, llegaban los fiesteros... a correr!!, ella a su cuarto y yo al segundo piso, a esperar a mi panzoncita, para que me diera una buena mamadota y me sacara el jugo acumulado que dejó esta princesa. Lo avanzado, avanzado estaba...

CAPITULO 4

En menos de lo que se los cuento me desvestí y me metí a la regadera, ni me esperé a que se calentara el agua, así me metí bajo la ducha. Puta madre!!, casi me da una pulmonía, pero qué tal si Nena se apendejaba y no podía explicar que estuviera todavía vestida, más de dos horas después de haber llegado a la casa? Y yo, con la vergota bien parada y oliéndome a pescado? Me la lavé rápido, me medio sequé y me acosté así, encuerado, al cabo que necesitaba que mi vieja me sacara con las manos y la boca la lechona que la Reina de Reinas dejó acumulada. Como no se dejaba coger por el embarazo, cómo me iba a sacar la lefa?... a mamadas!!

No hubo bronca, mi esposa llegó y preguntó lo mismo que todas las esposas que llegan a la habitación y encuentran a su marido acostado: "estás dormido?, papi, estás dormido?, contéstame!", jejeje, pendejas!! Me hice el dormilón y al medio minuto "desperté" limpiándome la baba y con cara de sorprendido y modorro. –Qué?!, qué pasó mami? –Nada, ya llegamos, duérmete. –Pos qué horas son?, pregunté haciéndome todavía el desubicado. –Casi las 4:30 de la mañana. –Todo bien, no hubo novedad, no hubo problemas? –No, nada, llegamos muy bien, ya duérmete otra vez, ándale.

Mientras mi gorda se desnudaba yo me senté en la cama y me destapé para jalarme la verga frente a ella. Al verme masturbándome no se puso su bata de dormir y mirándome como gatita se vino en pelotas a acostar con su panzota de 7 ½ meses de embarazo, aún así estaba muy antojable, es una mujer muy hermosa y aún encinta no había ganado mucho peso. Eso sí, su pechos sí crecieron y se veían pesados y rotundos. En cuanto se recostó a mi lado me puse a masajear y chupar esos encantos pectorales que parecían ser los de otra mujer, por las dimensiones que habían adquirido y por la oscuridad de la aureola del pezón, diferente al color de rosa que tenían meses atrás. Me sentía pequeño en esas tetotas, no sé si me entiendan, como que sentía mi cabeza y cara muy chicas con referencia a esos melones.

Luego de un rato de estar cenando chiche, me incorporé y me puse de rodillas a la altura de la cara de mi esposa, Lorena es su nombre, enseñándole la verga bien paradota y diciéndole que si me iba a dejar metérsela. –Nombre, mi amor, mira cómo la traes!, nunca te la había visto tan parada, puedes lastimar a nuestro hijito o a mí, mira cómo la tienes, como que te está creciendo, no?, me respondió asustada y dudosa de lo que veía.

–No Lore, está igual que siempre, mira tócala, le respondí sabiendo que tenía razón, que la continua acción y demanda a la que me la sometían su hermanita menor, Maru y su sobrina Nora la rubia, algo estaban produciendo en las dimensiones de mi amigo, ahora de casi 9 pulgadas de largo y 2.5" de ancho. Como dicen los que saben: Es un músculo que si es usado y/o forzado regularmente, crecerá y ganará volumen, y vaya que yo lo estaba usando/forzando muy regularmente, y por lo que se ve, ahora lo usaría/forzaría más, pues Nena la reina, ya se había apuntado en la lista de usadoras/forzadoras de este "músculo".

Cuando Lore agarró y rodeo con sus dedos el tronco de mi vergota, era evidente el esfuerzo que su mano hacía por tocar la punta de su pulgar con su dedo medio, pero le faltaba 1 ½ pulgadas para lograrlo.

–Qué bárbaro, mi amor, la tienes más gruesa que antes!, me dijo convencida de sus sospechas.

–No, mami, está igual.

–Te digo que no, si lo sabré yo, antes el espacio entre mis dedos no era tanto, te digo que la tienes más grande que antes. Se te está poniendo demasiado larga y gruesa. Porqué?

–A lo mejor te estás confundiendo, ya ves que hace mucho que no hacemos nada, le dije, recordando sus confesiones de que yo no fui, ni en sueños, su primer hombre, ni el segundo, ni el tercero, ni el cuarto... sino el quinto! Sí, compañeros, no hay quinto malo y ese era yo.

Mi Lorena, mujer hermosísima, como las mujeres de esta familia, había tenido infinidad de novios antes que yo llegara a su vida, y a cuatro de esos afortunados hijos de puta, les había dado a probar o a llenar, quién sabe, de sus cositas; esto me lo confesó cuando le propuse matrimonio, y yo, enamorado y para nada un angelito, pues así le entré y sostuve mi oferta de compromiso matrimonial.

Antes de la fecha de la boda nos descuidamos, la embaracé... y aquí estamos.

-Confundida, con quien?, me preguntó sin dejar de menearme la verga y verla con interés.
–Con alguno de aquellos, le aclaré, de los cuatro fantásticos.
–No, cómo crees, ya ni me acuerdo de ellos... porqué fantásticos?, tonto.
–Porqué estuvieron contigo antes que yo, eso los hace fantásticos, no?, le dije empezando a propósito un jueguito muy morboso, andaba muy, muy caliente.
–Tú crees?, me respondió halagada y con cierto temblor en su voz, apenas notorio.
–Claro, si cuando te conocí estabas hermosa, imagínate años antes, cuando eras virgencita, a qué edad te dieron por primera vez?
–Qué preguntón eres, mi amor!!, me respondió divertida y siempre jalándome lentamente la vergona que casi me reventaba.
–Ándale, dime, cuéntame.
–A los 17, cómo ves?,
-Te gustó mucho?, seguí en la cosecha.
–Mucho que digamos mucho, no, yo esperaba más.
–Más?, cómo más.
–No sé, respondió, como era mi primera vez... no sé, algo más rico.
–No sabría cómo, tu galán, no tendría experiencia, no?
–Tal vez, era muy joven como yo, hay mi amor, mira cómo se te hincha!, qué rica se te está poniendo ultimamente..., me dijo y se puso a chupármela un poco.

Después de unos minutos me recosté en la cama, ya me había cansado de estar de rodillas y me recargué en la cabecera. Lorena recostó su cabeza en mi pecho y me masturbaba la verga lentamente y muy lubricada con su saliva.

–Qué rica la tienes, mira qué grandota se te está poniendo, mmmhhh, qué buena la tienes, no estaba así, comentó otra vez.
–De los cuatro, quién la tenía más grande?, pregunté queriendo jugar.
–Para qué quieres saber?, respondió.
–Dime, ándale, no quieres ver cómo me crece más con tus respuestas?, responde.
–Loco, estás loquito, y luego si salimos enojados?.
–Nombre, cómo crees, ándale dime, quién de todos la tenía más grande?, seguí preguntando, buscando la forma de hacer que mi esposa se portara mal, sintiendo una mezcla de sensaciones nuevas: curiosidad, nervios, morbo, calentura, todo junto.

-Bueno, si tú lo quieres te lo digo, pero no te vayas a enojar, he?
-No, Lorena, ándale respóndeme, pórtate mal por esta noche y dime quién, insistí interesado, sintiendo la suavidad de su mano recorriéndome la vergona temblorosa y muy cabezona, tan excitada como mi cerebro calenturiento y curioso.
-Sergio, el tercero con el que tuve relaciones, ese la tenía más grande que todos, me respondió al fin.
-Que todos?, incluso que yo?
-Sí, mi amor, incluso que tú, la tenía muy muy grande, gigantesca!
-Como cuánto más que yo, pregunté, agarrándomela de la base y parándola bien.
-Como por acá, me respondió poniendo su dedo índice a 5 centímetros de mi cabezona.
-Ah cabrón!!, tanto así?
-Sí, mi amor, así de grande, bien larga y gruesota, me dijo sin quitar su dedo del aire, a dos pulgadas de mi chile, despedazándome el ego.
-También la tenía muy gruesa?
-Sí, un poquito más que tú, aunque ya casi lo alcanzas, se te está poniendo como la de Sergio, me respondió masturbándome lentamente otra vez y atormentándome con ese nombre.
-Se la jalabas así?, mami.
-Sí, mi amor, se la jalaba mucho en el coche, cuando nos estacionábamos en el parque. Me gustaba ponérsela bien grande, me impresionaba mucho su cosota.
-Nunca habías tenido una tan grande?
-No, los dos primeros no la tenían tan rica como Sergio, él la tenía super sabrosa.
-Hay cabrona!
-Ya te estás enojando, verdad?, por andar de preguntón, ya ves.
-No, es que me la apretaste muy fuerte, le dije queriendo disimular esa reacción, supongo muy natural en cualquier esposo cuando le dice su esposa que otro méndigo la tiene super.
-Perdóname, mi amor, no me fijé, es que me emociono al acordarme de Sergio.
-Lo quisiste mucho?
-Sí, me traía loca.
-Con su super vergota?
-Pues sí, si he de serte sincera, sí me gustaba mucho su cosota, además lo hacía muy rico, hay mi amor, ya me están dando ganas de que me la metas.
-Ya no le tienes miedo a mi verga?
-Un poco, pero al acordarme de Sergio, me dieron ganas de coger, me respondió acelerando el ritmo de sus jaladas, sacándome goterones de baba preseminal, atorados desde que estaba en el casino, en la fiesta y cuando estuve con Nena en la sala. –Hay, mira cómo te sale juguito, como a él.
-Así le salía a Sergio?
-Sí, mi amor, le salía bastante, rico como el tuyo.
-Lo probabas?
-Sí, mi vida, me gustaba su sabor saladito, mmmhhh.
-Se la mamabas, Lore?
-Sí, bebé, se la mamaba bastante, apenas me cabía en la boca, le gustaba que se la mordiera.
-Que se la mordieras?!
-Sí, que le mordiera la cabezotota, la tenía más cabezona que la tuya, cielo, se la mordía fuerte, así le gustaba a él.
-Y no se quejaba, no le dolía? No podía controlar el temblor de mi voz.
-No, para nada, se la mordía bien fuerte, mi amor, bien fuerte, la tenía muy dura, hasta parecía que estaba mordiendo un borrador de goma grandote, rico.
-Y luego?, le pregunté sintiendo como se me desplazaba incontrolable el flujo de mocos a lo largo de la verga, sintiendo su experta mano masturbarme a velocidad media, sin prisas, dueña del momento, dueña de mí. Las sienes me latían, la calentura y los sentimientos encontrados me ahogaban al escuchar a mi esposita hacerme semejantes confesiones, al compartirme sus secretos.

-Luego se la seguía mamando y mamando, papi, -me decía al oído, impúdica- mamando y mamando, mamando mucho, mamando rico, mi amor; imagíname... bien jovencita... bien bonita... de 20 años, como en las fotos de esas fechas que has visto, imagíname... mamando y mamando... chupando y chupando... mordiendo y mordiendo... mamando y mamando... bien bonita que estaba, bien buenota, mi amor... pero cómo me gustaba mamársela a Sergio... me encantaba, cielo, me encantaba comérsela rico...comérsela mucho... comerme su leche... su lechota... salada... espesa.

-Te comías su leche, mi amor?
-Sí, esposito, perdóname, perdóname porque sí, sí me tomaba su leche... tibia, lechota tibia, papi, lechota de Sergio, mi amor... se la sacaba con la boca... echaba mucha... mucha... más que tú... mucha lechota papi... y me la comía toda, cielo, perdóname... me la tragaba toda ... así... aaaghhh....aaagghhh... huummm... así, así...aaagghh.... me la tomaba y me la tomaba... y le seguía saliendo, mi amor, más que a ti, mucha... mucha lechota...rica... rica, me ahogaba con la leche de Sergio, hhuuummm, le salía mucha, muchísima. Hay, amor, mira cómo la traes, bien grandota!!, me dijo al darse cuenta de cómo me la había puesto con sus palabras, con su resumen mamatorio. -Métemela, ven, métemela por atrás, dámela por atrás, así no me haces daño, ándale papito, cógeme!!

Se puso ágilmente de espaldas a mí, ni parecía que le pesara la panzota, paró las nalgas y se las abrió, enseñándome el caminito a su culo. Apunté y le embarré la cabezona en el fundillo, de arriba para a bajo, como si se lo estuviera pintando. Sí, tienen razón, mientras le hacía eso pensaba si el maldito Sergio se la dejó ir por el culín, pero eso en lugar de mortificarme, me asfixiaba de calentura. Ya antes lo habíamos hecho así y sólo la primera vez se quejó un poco, cómo saber si yo fui el primero en llegar por la puerta de atrás, sólo preguntándoselo, no?

-Sergio te la metió por allí, Lore?
-Sí, mi amor, pero sólo la cabezota, me gustaba pero me dolía mucho, no me crees que la tenía bien grandota, verdad?, si la hubieras visto... la tenía deliciosa como la tuya.
-Mamita!, te la voy a meter toda, te voy a sacar al tal Sergio por el culito, vas a ver.
-No, mejor métemela por la vagina, mejor damela por la vagina como Sergio, me quiero venir mucho, ándale mi amor, ya no aguanto!!, gritó tan fuerte que era difícil que no la fueran a escuchar allá abajo.

Se la quise restregar en la rajita de la pucha hinchada y húmeda, como se la restregué en el culito, pero no se aguantó y la agarró, y ella solita se la fue metiendo toda. Cuando se encajó bien las 9 pulgadas de garrote empezó, ella sola también, a moverse de adelante para atrás y a decirme: -Así, Sergio, así métemela rico, ya te extrañaba, Sergio, que rica la tienes, métemela mucho... dámela cómo antes, te acuerdas cómo me cogías... aaahhh.... aaahhh.... Sergio.... Sergio... me matassss.... me matassss.... aaahhhh.... qué rica... qué grande... qué rica.... que rica la tienes.... Sergio...

Me maltrataba sicológicamente con ese pinche nombrecito, pero cómo gozaba yo!!

A los pocos minutos nos venimos juntos, la agarré de las tetazas y con mi otro brazo la abracé con fuerza y pasión, besándola desde atrás en la boca. Habíamos tenido muchos y muy variados encuentros sexuales, aún antes de casarnos, pero éste, este fue el mejor de todos, y con casi 8 meses de embarazo!!

Me agarró del brazo que le aplastaba las tetas y me lo acarició, diciéndome TE AMO.

-A quién?, pregunté haciéndome el confundido, pero más que nada dolido, para qué lo niego.
-A ti, mi amor, a mi esposo, mi vida, al padre de mi hijo.
-Pensé que a Sergio, le dije adolorido, ofendido.
-No querías que me portara mal? Tú lo pediste, no?
-Y te portaste mal o te sinceraste y me dijiste la verdad?
-Ah, pues quién sabe... adivina... piénsale... será cierto o no será?, yo no te voy a decir si fue o no fue. Tú debes saberlo, me respondió retadora, malvada.
-Lorena, no me hagas eso, no chingues, siento muy gacho, le respondí dolido, dolido pero mi verga, que aún estaba semi erecta dentro de su resbalosa vagina, empezó a crecer y a dar de brincos, sintiendo las paredes calientes y viscosas de su encharcado conducto, ahogándome entre la duda o la certidumbre de lo que esa noche me había confiado o ¿soñado?.
-Ya, mi amor, jajaja, no es cierto, ya duérmete, no es verdad, me respondió con un tonito más de "no estés chingando" que de otra cosa; -no me la saques, así vamos a dormirnos, quiero soñar... con Sergio, jajaja, no te creas!!, jajaja, hay qué maldita soy, ya duérmete, jajaja.

Con la verga bien parada dentro de ella me acomodé a dormir, qué sabroso!, no sé, todo eso me gustó, la sentía muy pegada a mí, moviendo lentamente sus caderas metiéndose y sacándose mi vergota de sus profundidades, callada, suspirando en cada embate. Yo me agarraba de su barriga, me excitaba mucho sentir su panza, le recorría las piernas por detrás y le sobaba la nalga con mi mano, luego llegaba con mis dedos hasta su rendija, donde mi verga se perdía dentro de ella y metía mis dedos por un lado, introduciéndolos junto con mi garrote, haciendo que Lore se moviera más rápido al sentir esa invasión múltiple.

-Ya vente, mi amor, ya termina que va a llegar Sergio y le toca a él, me dijo inesperadamente, sin dejar de moverse contra mi vergón.
-Le llamaste para que viniera?, le respondí siguiéndole la corriente.
-Sí, maridito, le llamé para que me viniera a coger, me dijo que me la iba a meter toda papi.
-Te gusta más que yo, verdad?
-Sí, mi vida, mucho más, me gusta mucho su vergotota, me gusta mucho cómo me la mete por atrás y por delante, cielo, sí me dejas coger con él, verdad amor?
-Sí, pero no tanto, Lorena.
-Sí, déjame cogérmelo mucho, ándale, no ves que él coge mucho.
-Te cogía mucho, mami, cuántas veces?
-Huy, mi amor, como 5 veces, me dejaba bien llena de leche y bien abierta, papi, y ya va a llegar, ya termina, ya vente porque todavía me tengo que poner bonita para él.
-Ya va a llegar?
-Sí, esposito mío, ya va a llegar y me dijo que la traía bien parada, como a mí me gusta, ándale ya vente y lárgate, que quiero que me la meta toda la tarde aquí en nuestra cama, me respondió moviéndose como si ya no le preocupara que lastimáramos al bebé con nuestras embestidas tan fuertes.

Volví a tronar en sus entrañas con venidas tan fuertes y abundantes como las que tenía con su hermana de 15 y su sobrina de 11 años de edad. Nos quedamos bien dormidos, ya amanecía, estábamos rendidos.

Seguimos con la rutina, ahora era más difícil encontrarme a solas con alguna de mis ninfas, Lorena estaba en casa a toda hora, era muy arriesgado.

La oportunidad se dio a los pocos días que llegué del trabajo a eso de la 1 de la tarde. Las nietas andaban en shorts, camisetas y abajo traían trajes de baño, al preguntarles que a dónde iban, me dijeron que al club deportivo donde mis suegros eran socios, a la alberca privada y climatizada con que contaban en sus instalaciones, como era de esperarse me invitaron a acompañarlas. Haciéndome del rogar, les dije que ya no eran fechas de piscina para mí, ya estábamos en octubre, desde luego protestaron mi negativa a enfriarme y junto con mi esposa y la abuela, ruidosamente me insistieron para acompañarlas, las adultas lo pretendían para que las cuidara, iban solas, y las nietas, ya supondrán ustedes porqué, qué conveniente, verdad?

Subí por mi traje de baño y toalla, y nos fuimos en mi auto. Era una tarde algo nublada y lluviosa, pero como la alberca era cubierta y con el agua climatizada, ni nos preocupamos. Al llegar me fui a cambiar y ellas se metieron de inmediato al agua tibia, la piscina y las instalaciones en general estaban vacías; como eran horas de trabajo, entre semana y con la tarde lluviosa de seguro no iban a llegar otros visitantes.

Me puse un calzón de baño muy pequeño, color blanco, incluso en el vestidor le arranqué la trusa que traía integrada y me lo puse así, a pelo. Me vi en el espejo y me cercioré de que se me notara bien todo el conjunto genital, perfecto!!, mis mosqueteras iban a quedar muy satisfechas, parecía que traía una toronja grande en el calzoncillo. Incluso, como buen usuario de los balnearios, me di un duchazo y con el bikini empapado, salí al espejo de nuevo, caray!, la verga se me notaba perrón, parecía que el calzón era de plástico transparente, se traslucía completamente.

Salí y caminé por la orilla de la alberca, las niñas jugaban en lo bajito al fondo del bodegón donde estaba "guardada" la piscina, por lo que me encaminé hacia ellas. Me paré en la orilla y ellas al verme vinieron a mí y se pararon a mis pies, ninguna disimuló su carita de excitación en cuanto vieron la claridad de mi paquetón. Qué morbo!, esos seis ojazos me devoraban la verga con ansiedad, sólo la rubia Nora, me sonreía enigmáticamente viéndome a los ojos y furtivamente mirándome la toronja. Pero su hermana Sara y su prima Nena, pelirroja y morena, respectivamente, no podían esconder sus caritas de impaciencia, de curiosidad al notar tan perfecta y pérfidamente, mi vergón medio dormido bajo la intencional humedad de mi pequeño bikini.

En esa área de la piscina el agua no rebasaba los 40 centímetros, por lo que todas quedaron con el agua a la altura de medio muslo alguna y otras de las rodillas. Así pude ver sus trajes de baño. Nora llevaba un traje de una pieza, azul marino, con los costados descubriendo sus caderas hasta la cintura, marcando bien su papita rica; su hermana Sara, un bikini de dos piezas, rojo, con un corpiño deportivo, sujeto en cruz por su espalda, presionándole todo el pechito, la esbeltez y la blancura pálida de su cuerpo contrastaba lúdicamente con el rojo fuerte del bañador, hermosa en verdad!; pero la que me dejó lelo, fue Nena la reina, con un bikini amarillo canario, con un calzoncito muy pequeño, demasiado, se notaba claramente que éste ya no era de su talla y uno pedacitos de tela agarrados con unos cordones que apenas alcanzaban a tapar sus pezones puntiagudos, pezones con los que me había ahogado recién, el último fin de semana.

Con la toalla en el cuello me encaminé a la esquina más próxima de la pila y me senté en los escalones que iban saliendo de el agua, con mi parte baja del cuerpo bajo la superficie. La niñas vinieron a mí y las grandes se sentaron a mis costados mientras Nora la rubia, se metía entre mis piernas, sentándose sobre las suyas. Puse mi toalla junto a mí para tomarla en cuanto apareciera alguien por la puerta cerrada del vestidor, único acceso a la alberca, al bodegón, y sin preámbulo alguno abracé a las niñas que tenía a cada costado, sintiendo la suavidad de su piel mojada y suave. Conversando con las tres no dejaba de jugar con sus cinturas y ombliguitos, embelesado con sus vientres juveniles y planos, mientras la más pequeña, Nora, me acariciaba los muslos, cariñosa, con sus manitas blancas. La verga, desde luego, me empezó a crecer amenazando con reventar la telita del calzoncillo, llamando la atención de los ojos de las tres.

Cuando la tenía bien parada, la empecé a mover con mi abdomen, haciéndola moverse con notoriedad hasta que en un momento, por la presión y la humedad, el garrote se me salió por arriba del bikini, enseñándoles la cabezota hinchada y casi media verga bajo el agua cristalina. Como si no me diera cuenta seguí platicándoles algo, hasta que Sara me empezó a hacer muecas, señalando con sus verdes ojos en dirección al gigante fugitivo.

-Qué mi´ja, qué traes?, le pregunté fingiendo demencia, pero siempre vigilando la puerta de acceso al balneario.
-Tu esa, tío, se te salió del traje de baño!, me dijo queriendo ser discreta.
-Ah caray!, ni me había dado cuenta, le respondí, volteando a mirar a Nena en el preciso momento en que se pasaba la lengua por los labios, en un gesto más de nervios que de lascivia. Volteé a ver a Norita, sentada exactamente entre mis piernas y por ende, la más cercana a mi garrote expuesto "accidentalmente", quien me seguía mirando con esa mirada traviesa. –Noris, guárdalo, sí?, mi´jita. En frente de las narices de las dos mayores la rubia, sin dudar ni un poco, lo agarró del tronco con su mano izquierda y con la otra me jaló el elástico del calzón, dejándoles ver a las mayores todo completo mi chilón rodeado por su pequeña manita. Como si nada, lo soltó y lo agarró al contrario, con su pulgar hacia abajo y lo depositó dentro del traje de baño, acomodándomelo a la izquierda, como siempre lo usaba, como estaba cuando se salió solo.

A los dos minutos la forcé otras vez y ahí va, para afuera, recostada sobre mi abdomen, llegándome al ombligo. Ahora fue Nena: -Tío, ya se te salió de nuevo, mira!

-Oh que la..., porqué Norita?, no la guardaste bien mi´ja, le dije a la rubia culpándola, quien me miraba con carita de "yo qué!", mientras su hermana y prima no podían disimular sus deseos de que ahora a alguna de ellas les pidiera que la volvieran a cubrir bajo mis calzones. Contrario a esto, me agarré más fuerte de la cintura de las dos mayorcitas y le dije a Nora: –A ver, huera, bájame el calzón para que me los subas bien. Ella obediente agarró con sus dos manos el elástico y lo empezó a jalar hacia abajo empezando a aparecer completo el camote submarino recostado en mi panza, al llegar a medio muslo le dije a la rubia que hasta ahí, que revisara el elástico del calzoncillo para ver si estaba defectuoso. Volteé a ver a Nena y a Sara, caramba!, si hubiera traído una cámara fotográfica para retratar y perpetuar sus caritas: estaban absortas, perdidas mirando el culebrón, mitad bajo el agua y mitad y asomándose, como aleta de tiburón.

Mientras la rubia revisaba, según ella, mi calzón, yo hacía brincarme la verga exageradamente, quejándome y fingiendo un malestar que estaba muy lejos de sentir.

-Qué tío, qué tienes?, me preguntó la pelirroja Sara.
-Un calambre, mi´ja, le dije, mira cómo brinca.
-Hay sí!, te duele?, continúo preguntando preocupadilla, en eso Nora dejó mi calzón y al escuchar la platica se me quedó viendo al vergón brincón.
-Norita, apriétala, mi´ja, a ver si se me pasa el dolor, si?, le dije a la rubiecita. Con sus dos manos me la agarró y la empezó a apretar, sólo a apretar, hasta que hice movimientos con mi cintura de arriba abajo, indicándole en silencio que quería que me masturbara como ella ya sabía hacerlo; y así con ambas manos, confiada le daba vuelo a mi vergona, exprimiéndomela, casi orgullosa, enseñándole a sus parientas cómo ella ya sabía hacerlo.

Allí es que sentí ese aromilla inexplicable de la axila de Nena la reina, abrazada con su brazo derecho a mi cuello, viendo a su primita de 11 años jalándome el animal desde la cabezona hasta la base. Estaba produciendo feromónas al por mayor, estaba bien caliente mi niña, mamita!, qué olores tan excitantes, tan pequeña! –Ya Noris, ya se me pasó, mi´ja. Guárdela mi reina, le dije a la huera al sentir cómo aumentaba la brisa perfumada del sobaquito de la morena ardiente. Otra vez la guardó con devoción y les dije que fuéramos a nadar un ratito. Saqué a la rubia de entre mis piernas y me la llevé abrazada desde atrás a la parte media de la piscina, donde me llegaba el agua al pecho. Las otras dos se fueron con nosotros y allá me estuve pasando a Nora de nalgas sobre la verga, ayudado por la lógica facilidad que me daba el agua, no pesaba nada. Ella echaba sus nalguitas bien para atrás sintiendo como le embarraba la vergona en el traserito y las mayores no perdían detalles de lo que le hacía. De tanto tallar, el fierro se me salió de nuevo del pequeño calzón y así me lo dejé, le dije a Sara que se llevara a su hermana a lo bajito y en cuanto me dio la espalda tomé a Nena de la mano y me la llevé a la orilla recargándome en la pared de la alberca. Ella tenía que brincar para que el agua no le tapara la boca y a mí me llegaba al pecho.

Me reí y le pregunté si se estaba ahogando. –Sí, tío, aquí está hondo, me respondió.

-Ven reina, yo te detengo, le dije poniéndola de medio lado a mí, casi montada sobre mi cadera derecha. En cuanto quedó acomodada, le agarré la mano izquierda y la puse sobre mi vergona salida por encima del calzón. Ella al sentirla se quejó bajito y agarró aire por la boca.
-Qué, linda, todavía te ahogas?, le pregunté, sintiendo como me la apretaba con suavidad.
-No tío, es que la tienes muy dura.
-Te da miedo?
-No, me dan nervios.
-Porqué?
-No sé. La tienes muy no sé cómo.
-Muy fea?
-No, muy exagerada, muy gordota.
-Huy, fíjate, y yo que te la quiero meter, le dije muy descontrolado y empezando a pasarle la lengua por los labios cuando ella hablaba.
-Por donde me la quieres meter?
-Por aquí, le dije pasándole un dedo de mi mano izquierda por su vaginita, por encima del bikini mientras la sostenía con la derecha de la cintura, sintiendo como se estremecía toda y se le iba la respiración momentáneamente.
-No creo que me quepa, tío, la tienes grandísima y gruesísima.
-Sí?, tú crees?, ya sabes cómo se llama lo que te quiero hacer?
-Cogérme, no?, y si me duele?, estoy muy chica de allí.
-De dónde?, mamita.
-De mi cosita, papito, me dijo contagiada del momento, notable!!
-Estás normal, no te acuerdas que ya te la comí, le dije. Ya mi mano derecha jalaba su calzón de baño hacia arriba, metiéndoselo entre sus infames nalguitas.
-Ah sí, verdad, me respondió dándome un apretón de verga más fuerte, cómo si al acordarse le viniera un calentoncito más, siempre vigilando a sus primas que jugaban a 10 metros de nosotros, mientras yo vigilaba la puerta de los vestidores.
-Te gustó como te la chupe, mamita?, acariciándole sus redondas nalgas y recorriendo con mis dedos la rajita de su culo en pompa.
-Sí, papito, me encantó, no dejo de pensar en eso desde ese día.
-Te la quiero comer otra vez, le dije haciéndole el calzoncito a un lado y dejando su papita a la vista, a disposición de mi mano izquierda que se adueño de ella acariciándola con toda la palma y luego con mi dedo medio, sintiendo como su gel a prueba de agua, no se disolvía, sino que conservaba su viscosidad.
-Haaay tío, siento rico, me dijo recostándose en mi hombro y abriendo más sus portentosas piernas, dejándome el camino libre a la gloria de su intimidad.
-No me digas tío, dime papito, cuando estemos así dime papito, si?, le pedí hundiéndole mi dedo medio hasta el primer nudillo.
-Sí, papito, haaay, me voy a desmayar, siento muy ricooo, me respondió, pegándome su boca abierta en mi mejilla derecha. Sin hacer mucho esfuerzo sólo volteé un poco mi cabeza y le metí la lengua en la boquita, moviéndola sobre sus dientes y su paladar y sintiendo como ella sacaba la suya, entregándomela para besarnos muy sabrosito, ya sin importarnos si sus primas o alguien más nos miraba, ya muy ajenos a lo que nos rodeaba, y sintiendo su manita recorriéndome toda la verga, bien masturbada desde la punta hasta el tope con mi abdomen, fajándonos como si de dos adultos se tratara.

Le metí otro poco el dedo en la vaginita y lo empecé a mover de adentro a afuera, parejo. Su manita también se movía más fuerte, incluso ya hacíamos olas sobre el agua y nos besábamos viciosamente, con nuestras bocas completamente abiertas. La puse de frente a mí y le jalé el calzón de baño más hacia se muslo, destapando completa su vagina y poniéndola sobre la cabezota gorda de mi vergón, todavía frotado por su manita izquierda, mientras con la derecha me agarraba del cuello, separándose de mis besos y mirándome con fuego en sus ojazos incandescentes, a pesar de sus escasos 12 años.

-Te la voy a meter mamita... te la voy a meter toda, le dije sin retirarle la mirada.
-Métemela, papito, pero despacito, mira cómo la tienes...
-Aguantas?, no tienes miedo?
-Un poco, pero dices que no estoy chica de allí, que soy normal para todo esto que tienes, no?, me dijo acariciándome la verga desde los huevos hasta la punta.
-Son 9 pulgadas, si aguantas?, le pregunté, besándola suavemente, metiéndole la lengua furtivamente entre los labios, sintiendo cómo me la chupeteaba.
-Cuánto es eso en centímetros?, 20?, más?, cuánto?, me preguntó, poniendo cara de hacer cuentas.
-Veintitrés, mamita, veintitrés centímetros, le respondí recuperando mi ego lastimado por Lorena, mi esposa.
-Híjoles!!, es muchísimo, me dijo volteando al fondo de la alberca, mirando cómo se me veía distorsionada por el efecto del agua, sosteniéndola con su mano todavía. -Es demasiado, tío, la tienes super grande, y de grueso cuánto mide?
-Dos pulgadas y media, seis y medio centímetros... otra vez mi vapuleado orgullo se reponía un poco viendo como me la rodeaba con sus deditos, queriendo darse una idea clara de cuánto estábamos hablando.
-Y si me metes la mitad?, sólo la mitad.
-No, si no quieres lo dejamos para después, a que crezcas tantito, mi´ja, mamita... Le dije empezando a cabecearla, empujándosela poquito, sintiendo su resbalosa rajita en la cabezota de mi vergota... sabiendo que con eso, su respuesta me iba a gustar.
-No, papito, si quieres ya métemela, pero despacio, si?, y sólo hasta la mitad, me respondió, moviéndose sobre ella, solita, preparándose y empezando la danza del amor sobre su macho excitado y listo... a los 12 años!!, IMPRESIONANTE.

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Comentarios(52) »

  1. Sir

    Que pendejada de cuento ah, super erotico mijita, sigue asi mmmmmmmmm

  2. lester

    Fabuloso.... me encantó, me exitó¡¡¡

  3. Richard

    No pues esta chingona la historia, imaginarse que a esa edad, vaya me gustaria hacer eso, bueno, pues chido, hasta luego, a ver si me avisas que hay de nuevo luego

  4. Jhoan

    okok me gusto la historia, me exito y ahora quiero una nenita de 12 para mi, no tengo tantos años como tu pero tengo 16.

    tevoy a decir la verdad talvez, ahy gente que lo consideran una pervesidad; por q eso es lo q es, pero es que a la hora de la verdad uno con una chica como Nena y se le poner tan facir como se te puso ati, uno no lo piensa 3 0 4 veses, si soy yo y le doy con todo mi paquete 7C. pero lo unico malo es que te
    tirate a las cuatro chicas sin importar la edda. De 12 en adelante esta bien, pero de 11 ahy la mascate pero no importa si ellas se te pusieron tan faciles tu no ibas a dejar esos bombositos sin comertelo, lo que NO me gusto fue que no me dejaste una para Mi CHAOOO

  5. olix

    Hola estan buenisimos tus relatos me gustaria que pudieras continuar con el relato de supernena que es lo q pasa si es que viajan o no me he enganchado con la historia sigue asi

  6. Anonimo

    ta muy buena me encanto y me gustaria que continuaras con la historia para ver que pasa en el viaje

  7. Jeronima

    Esta historia ni tu te la crees, es pura mentira, jajaja, esta buena, pero de se cierto es abuso sexual y podrias ir al bote

  8. FELIPA

    Mentiroso, esta historia es puro choro, no niego que es erotica, excitante y bien escrita, pero en ella haces despliegue de narcicismo y de tu obsesion falica, a las mujeres no nos excita tanto un miembro sexual enorme, nos pone mas caliente un rostro bello y un cuerpazo atletico y buen sentido del humor, como fantasia esta padre, pero no fomentes la pedofilia,ni el estupro son delitos aun con el consentimiento del menor... asi que Aguas!...Desgraciadamente la gente quiere llevar a cabo lo que lee en internet y se dan casos de abuso infantil y les desgracian la vida a pequenos, no es justo!

  9. otelo

    mi hermano,diran que no es cierto tu historia,pero aquellos que tengamos familias politicas cachondas,las mujeres obviamente,sabemos que esto es la iniciacion,ya que despues te tiras a tus cuñadas,a tu suegra etc.sigue sacando tus relatos.

  10. ruiz

    Sabes, lo unico claro es que eres cabro, o sea homosexual e inventas esta historia para creerte hombre. Porque en el fondo tu quieres que te entierre por el ano un paquite de esas medidas.

  11. gerardito

    Vaya con el super relato no se si es verdad o no lo que se es que esta buenisimo y me alegro por ti si fue verdad y aguas,como dijo felipa,la gente quiere hacer lo que lee o ve en el internet y como un consejo que me permitieran darles,si alguna vez se les da la ocacion con una nena,porfavor tratenla bien que lo que tienen en sus manos es un verdadero tesoro y todo pude pasar sin que nadie salga lastimado de ninguna manera.
    Mandame algunas fotos , ya sabes. BYE....

  12. manolo

    tu lo que eres es un pedofilico sadicoo hijo de la gran puta... deberiaaann de cortartee tu ´´gran´´machete que dices tener .... deberiass irr pa el rodeoo o pa la plantaaaa presooo pa que veass como alla te cojennn por violadorrr... hijo de perra

  13. Regina

    Soy chica Bi de 23 años y bueno, veo que aca estan todos cachonditos con las historias, les invito a vivir una conmigo.

    Busquenme como regina69 en el siguiente sitio:
    AmigosConDerechos.Com

    Podriamos cojer rikisimo!

  14. isaias

    esta chida la historia pero no puedo creer que unas niñas de esa edad hagan ese tipo de cosas eres un pedofilo

  15. jeik

    que paso con las demas no mas nos dejaste picado como en la picina, te cojiste a las otras en la pisina y no sigue la historia k pedo..

  16. Mark

    ese relato ni tu te la cres, te voy a decir por que es falsa; en primer lugar por que solo hablas de que te la maman que oviamente es una fantasia tuya, y en segundo lugar tu madriguera no tenia puerta alguin pudo haberlos visto.

  17. Angelo

    me exito demasiado sigue asi como quisiera una nena de 12 años para mi solo y metersela.

  18. el_mago

    hola es la primera ves que escribo a este sitio,no es para contar ninguna historia si no pera vivir una historia con gente que pueda conoser en esta pagina especificamente mujeres de entre 18 a 25,y que le gusten el buen sexo anal.dejo mi correo, el_morochochon@hotmail.com

  19. anonimo

    esto es terrible!!!!!!!!!

  20. feo

    desde ahora solo miro a las de 12 y mas que seguro me como unas cuantas, gracias a ti maldito depravado inventor

  21. feo

    desde ahora solo miro a las de 12 y mas que seguro me como unas cuantas, gracias a ti maldito depravado inventor

  22. Xhaka

    Es una historia muy buena, me pajee varias veces leyendola. De hecho a mi me ponen cachudo las niñas de 13 a 16, pero de 11, esta cabron. Aun asi la historia es falsa. En promedio, por mucha exitacion, un hombre puede tener hasta 3 eyaculaciones diarias con una potencia considerable. Este tio habla de correrse a cantaros hasta 4 veces por dia lo cual es imposible. Para que una corrida sea realmente fuerte debe haberse abstenido de eyacular al menos 2 dias. Y aun asi el desgaste fisico es bien fuerte. Al mes de ese ritmo se debia haber traspuesto. En realidad todo el relato es una fantasia, de hecho, una fantasia falica, que supondria un sesgo de homosexualidad en este tio. Auna si la fantasia es muy buena.

  23. viky

    Eres un deprabado sexual, maldito pedolfilo, lo q quieres es fomentar la pedofilia, deberian encerrarte por tal situacion!!! Por Favor son niña lindas criaturas q apenas estan veindo el mundo no le corrompan su inocencia piensen en sus hijas,hermanas. Que Dios los ilumine y no pequen con estos pensamientos.

  24. jesus

    pa mi que eres puto y en tus ratos libres te haces el candado

  25. Erika

    Se he hacen histirias con cierto nivel literario pero no se si son originales o las copiaste de otras paginas, ya habia leido algo muy similar en Todorelatos.

    En cuanto a tener sexo o juegos sexuales con menores, pues creo que las niñas tambien tiene cierto grado de inquietud por el sexo, y pueden manifestar su deseo de experiementar y descubrir sus placeres, pero es importante no hacer uso de la violencia, del chantage, amenaza, fuerza fisica, etc, ya que esto puede provocar un daño ficio y EMOSIONAL.

    es dificil tener control cuando se encuentra uno en una situacion exitante con una menor pero si se llega a tener juegos sexuales con un menor se debe de habla con la verdad y no se crean chantages o fantasias, mentiras, etc, la niña debe de saber que es un juego y no debe sentirse victima para no crearle un sentimiento de culpa.

    Y muy importante, no hacer nada que ella no quiera... es paso a paso, es un descubrimiento para ella y ella decidira que es lo que le gusta y que no...

    Yo tube relaciones incestuosas con un primo de 22 cuando yo tenia 9 años, fue algo bellisimo y muy muy rico para mi, buscaba toda oportunidad para estar a solas con el, fue algo que se dio y la pasamos muy bien, solo les digo que no se vale hacer ningun daño.

  26. vicxky

    las historia me exito ya que soy un avirgen de 20a ñso me dio ganas de comerme a un o

  27. Anonimo

    la historia es falsa, la forma narrativa y el mismo concepto se parce a la historia de "lolita",

  28. lina

    creo ke tiene mucha imaginacion demasiada
    y esa historia es falsa debe tener problemas de pedofilia

  29. Shania

    Wauu...me exito muchisimo la historia...aunque debo confesar ke siento que tiene algo de pedofilia....y eso no me agrada....la historia esta contada de forma muy rica....pero creo ke no es real...aun asi me encanto

  30. Ana

    Deberás que me hubiera gustado ser todas ellas.
    Cuando estaba leyendo no me podía resistir
    No hace falta decir que soy menor de 15 años
    Chaoooo!!!
    Muchos besos para el autor donde más le guste

  31. Sergio Valente

    Sós un puerco! Mira que sodomizar a una niña de 11 años! Gracias a Dios que esta historia no es real.

  32. gera

    muy buena la historia me r calento,dejo mi correo para mujeres de mente abierta y poder intercanbiar fantasias. gerardo-1968-@hotmail.com

  33. Felipe

    hey, quien sea que hace las historias, como que ya espera,os mucho por el viaje no? cuando sale? dale no sean malos!!!

  34. PABLO

    Hola esta historia esta super erotica y buena, pero en realidad se trata de una fantasia o solo es una relato mas.

    Por que de verdad es una vanidad tan exquisita como absorvente.

    Me encanta esa historia esta excitante, romantica y a la vez super.

  35. arely

    nooo mammes esta hirtoria estube serka de dos horas leeiiendoo jajaja peroo esta muiiii asi komo k nomas te importa ek sexo tmbn ahiii coxzaz importantes de la vida no solo ell sexoo mijoo Y ESOO QUE YO TENGOOO 15 EHH NOO NOO PERO ENTODOSMODOS ESTA CHIDA I PERDI DOS HORAS SENTADA AKII JAJAJ BESOSS

  36. Xeronemo

    Esta muy buena esta historia pero, no creo que sea real y aun asi la goce buena suerte

  37. Dan Trevi

    Que imaginacion, que barbaro! Cuanto lujo de detalles, eso la hace muy erotica y buena. Te felicito de verdad porque esta bien escrita y desarrollaste muy bien el tema. Y no la vas a terminar?

  38. pariz999

    una exelente reseña historica tengo una tambien pero ya os are llegar y macho eres un crack

  39. nombre

    pues que no manches pinche idiota cabron, que mal español ni que no...
    de narrativa horrible, faltas de ortografia, redaccion erronea, incongruencia de sujetos, es una buena historia, muy lineal, esta bien como una aproximacion a una narracion interesante, pero falta mucho mucho pulirla bien.
    ahora respecto de la idea, claramente hay evidencias de pedofilia, sin embargo, tiene un dejo de 'uncanny', al momento de mencionarse el personaje de sergio, la historia queda muy abierta, o muy incompleta, el padre de esta familia, pareciera tener una relacion mas profunda y algo que aportar a la historia central, falta la interaccion entre las pequeñas al momento de quedar una u otra en evidencia frente a las demas.
    podria seguir mostrando los defectos hasta el final.
    en general es una gran historia pero definitivamente existe un trastorno a la hora de escribirla, se usan muchas muletillas para hacer que suene mas real, logrando lo contrario, el tema que aborda definitivamente es muy sexual, pero de ahi a erotico, eso se adquiere cuando la narracion logra erotizarte sin necesariamente excitarte, osea el tema central esta bien, la idea tambien, y la historia igual, pero el estilo narrativo que utilizaste reduce las posibilidades de erotizar a alguien.
    Espero comentarios mas relativos a la narracion de la historia y no comentarios del tipo de que se trata de un pedofilo que fue horrible; porque simplemente se trata de una historia narrativa ficticia, y un campo de la literatura muy actual que se produce en internet actualmente, no asi un diario de vida ni mucho menos.
    saludos!

  40. kleber

    Hola la historia esta muy larga pero buena y me hizo calentar mucho este es mi correo klebert250181@hotmail.com para mujeres que deseen ciber sexo

  41. Davi

    Si kieren mirar linda verga agreguenme. chiKo_veryHOT@hotmail.com

  42. roberto figueroa g.

    ESTA RE BUENA ME EXITO MUCHO, ME MANSTURBE LEYENDOLA...

  43. roberto figueroa g.

    ESTA BUENA GÜEY, CUANTA IMAGINACION, A MI TAMBIEN ME GUATARIA QUE ME LA MAMARAN ASI DE RICO UNAS SOBRINITAS, Y DE PASO DARLES POR SU AGUJERITO SABROSO Y APRETADITO... SALUDOS A TODOS LOS LECTORES.

  44. angel

    eres un pedofilo de mierda! gente como tu deberia estar MUEERTAAAA

  45. alex

    es una buena historia hojala asi fueran todas las historias

  46. canario

    Eres un pederasta de mierda , deverian de encerrarte ya que eres un peligro para todas las niñas , y estoy seguro de ke la historia es falsa pero lo mas indignante es que te gustaria ke haci fuera .. piensa ke se lo hacen a una hijita tuya .. bueno se lo arias tu tb cabrom

  47. antonio

    Esta buena tu historia, con unas faltas de ortografia, mala redaccion, etc, pero buena. Lo que si no me parece es que te echas muchas flores tu solito diciendo el tamano que tienes. Bueno, para el caso es solo una fantasia asi que sigue en tu fantasia de tus 9 pulgadas.
    Bye.

  48. angel

    esta historia es una mentira y el puto que la escribio esta muy pendejo a todas las personas que leen esto no lo crean es mentira y este guey es puto y le gustan los hombres,,,,,,,

  49. 16:25

    MAN AVER SI TE AMARRAS LA VERGA A UNA PIEDRA Y LA LANZAS A UN PRESIPICIO GUEY SOÑADOR

  50. Anonimo

    buenisima la historia
    Sigue, me quedo con las ganas

  51. Anonimo

    buenisima la historia
    Sigue, me quedo con las ganas

  52. isaias

    ya esta la segunda parte de esta historia buisquenla en esta misma pagina esta mas cachonda que esta

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